Tengan un corazón abierto a la acogida: Carta del Papa Francisco a la Abadía de Premontré (06/06/2021)

Tengan un corazón abierto a la acogida: Carta del Papa Francisco a la Abadía de Premontré (06/06/2021)

En memoria de San Norberto, el Papa Francisco envió una carta este 6 de junio al Abad Wouters, Abad General de los Canónigos Regulares Premonstratenses, con motivo del Jubileo proclamado para conmemorar los 900 años de la fundación de la Abadía de Premontré, en Francia. El Papa exhorta a las comunidades repartidas por los cinco continentes a guiarse siempre por el Evangelio, escuchando a Dios y a los hermanos. El Papa Francisco recuerda a San Norberto, nacido en 1075 en Xanten, Alemania, como “uno de los más solícitos artífices de la reforma gregoriana” trazando su vida y su vocación, que nació mientras crecía una nueva sensibilidad en la Iglesia. Transcribimos a continuación el texto de la carta, traducido del italiano:

Al Reverendísimo Padre Jozef Wouters
Abad General de los Canónigos Regulares Premonstratenses

Recibí la alegre noticia de que ha anunciado un Jubileo para celebrar el 900º. aniversario de ña Abadía de Premontré, obra de San Norberto, y el nacimiento de la primera comunidad de la cual se originó la Orden de los Canónigos Regulares Premonstratenses.

San Norberto es justamente considerado como uno de los más solícitos artífices de la reforma gregoriana. Nacido alrededor del 1075, después de los estudios eclesiásticos se convirtió en canónigo del capítulo de Xanten y, gracias al entonces Obispo de Colonia Federico, entró a formar parte de la corte del Emperador Enrique V. Así, Norberto fuer rápidamente insertado en las vivencias que marcaron los inicios del siglo XII. Mientras el Emperador y los príncipes pretendían intervenir en primera persona en el nombramiento de los Obispos y los Abades favoreciendo a personas gratas a ellas, crecía al interior de la Iglesia una nueva sensibilidad a las exigencias del Evangelio y de la misión propia del clero. No faltaron hombres y mujeres, inspirados por Dios, que comenzaron a poner en discusión los vínculos de los ministros de la Iglesia con intereses meramente mundanos. Norberto fue uno de ellos.

Cuando, en 1115, en la cúspide de la lucha por las investiduras, debía tomar posición entre el Papa y el Emperador, siguió al Obispo Federico de Colonia e inició un camino espiritual que debía llevarlo a una auténtica conversión, después de un largo proceso de discernimiento. Norberto renunció a la vida cortesana y decidió caminar sólo Christo duce, en un estilo de vida inspirado por el de los Apóstoles. Ordenado diácono y sacerdote el mismo día, abandonó los bellos vestidos de cortesano y se vistió con el hábito de penitente. Buscó, en primer lugar, convencer a sus hermanos del capítulo de Xanten de abrazar un nuevo modelo de vida, más cercano a las exigencias del Evangelio, pero en vano. Entonces, Norberto decidió consultar con varios consejeros espirituales: el abad benedictino Cono di Siegburg, el ermitaño Ludolfo, y en Rolduc conoció una comunidad de canónigos regulares reformados que fundaban su vida en la Regla de San Agustín. Así, también él comenzó a predicar penitencia y conversión y a vivir una vida de oración y mortificación; y – hecho común en ese tiempo – a menudo, si no cotidianamente, celebraba la Eucaristía.

Las comunidades de su Orden han acogido esta herencia y, desde hace nueve siglos, desarrollan la misión en el espíritu de la Regla de San Agustín, en la fidelidad a la meditación y a la predicación del Evangelio, asistiendo al Misterio Eucarístico, fuente y culmen de la vida de la Iglesia.

Este modo de vivir hizo que Norberto fuera siempre muy criticado: vivía como un ermitaño ascético, pero recibía aún el rédito al que tenía derecho como canónigo; predicaba, ¿pero con cuál mandato? Inducido por estas presiones, Norberto optó por una vida itinerante. Inspirado por la misión de los Apóstoles de Jesús, se puso en camino y llegó a Saint Gilles en Provenza. Caminaba a pie, con sólo una vestidura, un manto y un bastón, llevando siempre consigo lo necesario para la celebración de la Eucaristía, acompañado por dos compañeros peregrinos. En Saint Gilles, encontró al Papa Gelasio quien le autorizó trabajar como predicador apostólico. Hoy, más que nunca, querido Hermano, el anuncio de la Buena Nueva es necesario y requiere de parte de todos, especialmente de los sacerdotes, un generoso compromiso y todavía más una fuerte coherencia entre el mensaje proclamado y la vida personal y comunitaria.

Desde la conversión y por toda su vida, Norberto fue un servidor fiel del Evangelio y un hijo amante de la Iglesia, obediente al Papa. Después de recibir confirmación de su estatuto de predicador y para encontrar al nuevo Papa, Calixto II, elegido en 1119, regresó al norte de Francia donde encontró a un amigo suyo de la infancia, el Obispo Burchard de Cambrai, que se maravilló de cambio ocurrido en su estilo de vida. En estas circunstancias, Norberto conoció a Hugo de Fosses, capellán del Obispo de Cambrai. También Hugo estaba en busca de una vida más adherida al Evangelio y reconoció en ese encuentro un don de la Providencia. Con permiso de su Obispo, Hugo se convirtió en compañero de Norberto y lo siguió. Más tarde, se convertirá en el primer Abad de Premontré.

Las biografías de Norberto relatan cómo curaba a los enfermos a lo largo del camino, expulsaba a los espíritus malignos y lograba aplacar antiguas disputas entre familias nobles. Estas reconciliaciones trajeron la paz en las regiones donde la población sufría mucho por las continuas guerras locales. Por ello, Norberto es considerado como un apóstol de la paz. Cumplía la obra de Dios, actuando en nombre de la caridad de Cristo. Los autores antiguos insisten en decir que se recogía siempre en oración antes de prepararse para intervenir para favorecer la reconciliación y restablecer la paz; y que era siempre fiel en celebrar la Eucaristía para encontrar al Señor de quien deseaba cumplir su obra.

Dirigiéndose a Reims para ser recibido por Calixto II, Norberto encontró a Bartolomeo, Obispo de Laon, que se propuso acogerlo en su diócesis. Por ello, le ofreció varios posibles lugares en que establecerse. Era 1120, y Norberto escogió el valle de Premontré. Aquí reunió un grupo de seguidores con los que inició un intenso diálogo sobre la naturaleza de su naciente comunidad. Ya que muchos de ellos, como él mismo, eran canónigos, todos hicieron profesión canónica según la Regla de San Agustín, en la noche de Navidad de 1121, fecha que marca la fundación de la comunidad de Premontré. Esta profesión, en el ámbito del gran movimiento canónico gregoriano, fue un confirmar y llevar a fondo su compromiso original. Ese, querido Hermano, es también el significado de su profesión, que establece un fuerte vínculo entre cada uno de los miembros de la comunidad y su propia Iglesia. Y en esta profesión radica la misión de orar por y con la Iglesia toda.

Desde el principio, Premontré ha ejercido una gran fascinación. Muchos hombres y mujeres se unieron a la comunidad de los canónigos, que intentaba reflejar a la Iglesia naciente descrita en los Hechos de los Apóstoles. El ardiente entusiasmo de los inicios se estructuró en una vida religiosa austera, de la que eran parte integral la hospitalidad y el cuidado de los pobres y los peregrinos. Desde los orígenes, los Premonstratenses han dado prueba de gran compromiso hacia las personas externas a la comunidad, acogiéndolas gustosamente. Así nacieron rápidamente nuevas comunidades que siguieron el estilo de vida de Norberto; como también comunidades ya existentes que pidieron unirse a la de Premontré.

Queridos hijos de San Norberto, conserven siempre esta apertura del corazón, que sabe también abrir las puertas de la casa, para acoger a quien busca un consejero espiritual, a quien pide una ayuda material, a quien desea compartir su oración. Que su liturgia sea siempre “canónica”, o sea alabanza a Dios par el pueblo de Dios y con el pueblo.

El fuerte vínculo de Norberto con la Eucaristía es hasta hoy fuente de inspiración para su vida apostólica. En 1124, por petición del Obispo de Cambrai, se dirigió a Anversa, donde se encontró frente a las consecuencias de la “tempestad” causada anteriormente por Tanchelmo y sus seguidores, quienes negaban la validez de los Sacramentos y especialmente de la Eucaristía celebrados por sacerdotes concubinarios. Norberto refutó esta herejía y tal episodio hizo que, durante la Reforma católica, fuera considerado como apóstol de la Eucaristía. Modelo de fe para todos y, en particular, para los sacerdotes, Norberto siempre tomó fuerza de la celebración eucarística, sobre todo en situaciones de crisis o ante encargos difíciles.

Pocos años después de la fundación de Premontré, cuando, en 1126, Norberto se convirtió en Arzobispo de Magdeburgo, el Papa Honorio II le concedió la aprobación de su propósito de vida, vivido según la Regla de San Agustín en las comunidades bajo su guía. Norberto no volvió mas a Premontré, pero fundó otras varias comunidades de canónigos en su ciudad episcopal, algunas de las cuales se comprometieron en la evangelización de las regiones circundantes. Como Arzobispo permaneció fiel a su original inspiración evangélica y fue apoyo del Papa en los conflictos con el Emperador, haciendo todo esfuerzo para establecer buenas relaciones entre los dos, incluso manteniendo el principio de la libertad en el nombramiento a los oficios eclesiásticos.

En 1128, Norberto se retiró de la responsabilidad de las comunidades bajo su guía. Éstas se convirtieron en abadías bajo la dirección de su propio Abad. Hugo de Fosses se convirtió entonces en el primer Abad de la Abadía de Premontré y logró unir a un creciente número de comunidades en el cuadro de un Orden dotado de estatutos propios y de un Capítulo General como máxima autoridad.

Nueve siglos después, damos gracias por el movimiento iniciado por San Norberto, que supo trazar enseñanzas de estructuras existentes, probadas, de origen monástico, pero conservando clara la identidad de los miembros de su Orden como canónigos regulares. Durante este largo período, también numerosas mujeres se han adherido al ideal norbertino y aún hoy se dedeican esencialmente a la vida contemplativa. Además muchos laicos, aún permaneciendo en el mundo, se unen a sus comunidades con varias formas de afiliación. Distintas Congregaciones de religiosas, por su parte, comparten su espiritualidad y se dedican al apostolado, en particular al servicio de las personas más frágiles por la condición social o la salud o la edad.

Así, en el curso de los siglos, las abadías premostratenses han desarrollado una intensa relación con el territorio, porque desde el principio muchos canónigos se han dedicado al cuidado pastoral de las parroquias. Como consecuencia, las abadías no han sido activas solamente en el cuidado y en la acogida de los pobres, sino que han desarrollado y mantenido contactos con personas de toda extracción social. Así, la inspiración de San Norberto ha permanecido viva y es tutora de las riquezas de la Iglesia universal. Su Fundador vivió en muchos distintos ambientes, pero en toda circunstancia se dejó guiar por el Evangelio: predicador itinerante, sacerdote, superior de comunidad, Obispo, continuó escuchando a Dios y los hermanos, y supo discernir en las distintas circunstancias de la vida, sin perder de vista su inspiración fundamental.

Que por la intercesión de María Santísima, elegida por San Norberto como titular de la Abadía de Premontré y en seguida proclamada Reina de la Orden, los Premostratenses, ahora dispersos en los cinco continentes, puedan seguir constantemente fieles a la vida ad instar Apostolorum.

Querido Hermano, como prenda de abundantes gracias celestiales imparto a usted y a todos los miembros de la Orden, a las religiosas y a los laicos afiliados a sus comunidades, una especial Bendición Apostólica.

Roma, San Juan de Letrán, 6 de junio 2021, memoria de San Norberto.

Francisco