“Amen a sus enemigos y recen por quienes los persiguen”: es el “misterio” al que los cristianos deben configurarse para ser perfectos como el Padre. Es lo que destacó el Pontífice en su homilía de la Misa matutina celebrada en Casa Santa Martha este 19 de junio. El perdón, la oración, el amor por quien nos “quiere destruir”, por nuestro enemigo. Sólo la Palabra de Jesús puede tanto. Al reflexionar sobre el capítulo 5 del Evangelio de Mateo propuesto por la liturgia del día, el Pontífice admitió la dificultad humana de seguir el modelo de nuestro Padre celestial que tiene un amor “universal”. De ahí que haya destacado el desafío del cristiano de pedir al Señor la “gracia” de saber “bendecir a nuestros enemigos” y comprometernos a amarlos.