Al comentar en su homilía de este 5 de marzo la parábola del rico epulón, el Papa Francisco observó que no se dice de él que era una persona mala. Es más, "quizás era un hombre religioso, a su modo". Pero no se daba cuenta de que en su puerta había un pobre mendigo, Lázaro, hambriento, todo llagado, "símbolo de la extrema necesidad que tenía".