La humillación por sí misma es masoquismo, mientras la padecida y soportada en nombre del Evangelio te hace semejante a Jesús. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía en la Casa Santa Martha, en que invitó a los cristianos a no cultivar jamás sentimientos de odio, sino a tomarse el tiempo para descubrir dentro de sí sentimientos y actitudes agradables a Dios: el amor y el diálogo.