Tengan entusiasmo, busquen los rostros, amen: Palabras del Papa Francisco al Personal del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (14/02/2019)

Tengan entusiasmo, busquen los rostros, amen: Palabras del Papa Francisco al Personal del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (14/02/2019)

En la sede de la FAO en Roma el Papa Francisco se reunió este 14 de febrero con el personal de FIDA (Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola de la ONU) y les agradeció por “ir contracorriente” en una época en la que se ve una desaceleración en la reducción de la pobreza extrema y un aumento en la concentración de la riqueza en manos de unos pocos:

“Pocos tienen demasiado y demasiados tienen poco. Muchos no tienen comida y se van a la deriva, mientras que unos pocos se ahogan en lo superfluo” y asegura que esta corriente perversa de desigualdad “es desastrosa para el futuro de la humanidad”. Un discurso en el que también quiso agradecer a los trabajadores de dicha institución que lucha contra el hambre y la miseria en el mundo por su trabajo silencioso, “a menudo oculto” – señaló el Papa – “como las raíces de un árbol, no se ven, pero de ahí viene la savia que nutre toda la planta” puntualizó. Transcribimos a continuación, las palabras del Papa, traducidas del italiano:

Señoras y señores:

Podría hablar en español, que es uno de los idiomas oficiales, pero prefiero usar el italiano, porque seguramente es mejor para todos ustedes.

Doy las gracias al Señor Presidente del FIDA por su atención, por su cortesía y me alegra poder encontrarme con ustedes, que trabajan todos los días para esta importante institución de las Naciones Unidas. Ustedes están al servicio de los más pobres de la tierra: personas que, en su mayoría, viven en zonas rurales, en regiones alejadas de las grandes ciudades, a menudo en condiciones difíciles y penosas. A todos los presentes, así como a sus colegas que no pudieron estar entre nosotros — son tantos los que trabajan aquí — los saludo cordialmente.

Pensando en ustedes, me vienen a la mente dos simples palabras. La primera, que brota del corazón, es “gracias”. Agradezco a Dios su trabajo al servicio de una causa tan noble como la lucha contra el hambre y la miseria en el mundo. Gracias por ir a contracorriente: la tendencia actual ve una desaceleración en la reducción de la pobreza extrema y un aumento en la concentración de la riqueza en manos de unos pocos. Pocos tienen demasiado y demasiados tienen poco. Pocos tienen demasiado y demasiados tienen poco, esta es la lógica de hoy. Muchos no tienen comida y van a la deriva, mientras unos pocos se ahogan en lo superfluo. Esta corriente perversa de desigualdad es desastrosa para el futuro de la humanidad. Gracias, pues, porque ustedes piensan y actúan a contracorriente. Y gracias también por su trabajo silencioso, a menudo escondido — algunas veces diría aburrido —, escondido como las raíces de un árbol, no se ven, pero de ahí viene la savia que nutre a toda la planta. Tal vez no reciban muchos reconocimientos, ni condecoraciones pero Dios lo ve todo, conoce la abnegación y el profesionalismo — subrayo la palabra profesionalismo —, aprecia las horas que pasan puntualmente en la oficina y los sacrificios que esto conlleva. Dios, nunca olvida el bien y sabe recompensar a los que son buenos y generosos.

De su trabajo se benefician muchas personas necesitadas y desfavorecidas que sobreviven con tantos sufrimientos en las periferias del mundo. Para realizar bien este tipo de servicio, hay que unir a la competencia una sensibilidad humana particular. Por lo tanto, me gustaría aconsejarles que cultiven siempre la vida interior y los sentimientos que dilatan el corazón y ennoblecen a las personas y a los pueblos. Son tesoros que valen más que cualquier bien material. Dilatar el corazón. Gracias también a su contribución, se pueden realizar proyectos que ayudan a niños desfavorecidos — son tantos en el mundo, tantos —, mujeres, familias enteras. Muchas iniciativas hermosas se llevan a cabo con su esfuerzo. Les agradezco este trabajo y también lo hago en nombre de tantos pobres a los que sirven.

La segunda palabra que me gustaría decirles, después de “gracias”, es “¡adelante!”. Significa continuar su trabajo con un compromiso renovado, sin cansarse, sin perder la esperanza, sin rendirse a la resignación, pensando que se solo una gota en el mar. La Madre Teresa decía: “Sí, es una gota en el mar, pero con esa gota el mar es diferente”. El secreto está en mantener y alimentar elevadas motivaciones. De esta manera, se superan los peligros del pesimismo, de la mediocridad y de la rutina, y se puede poner entusiasmo en lo que se hace día a día, incluso en las cosas pequeñas, las cosas que yo no veo como acabarán. La palabra “entusiasmo” es muy hermosa: también podemos entenderla como “poner a Dios en lo que se hace” — de ahí viene en-theos, entusiasmo, poner a Dios en lo que se hace. Porque Dios nunca se cansa de hacer el bien, nunca se cansa de volver a empezar. Cada uno de nosotros tiene experiencia: ¡cuántas veces hemos vuelto a empezar en nuestra vida! Y es bello. Nunca se cansa de dar una esperanza. Él es la clave para no cansarse. Y rezar — para quien pueda rezar — ayuda a recargar las baterías con energía limpia. Nos hace bien pedirle al Señor que trabaje a nuestro lado. Y la persona que no puede rezar porque no es creyente debe dilatar el corazón y desear el bien. Como dicen los adolescentes: “mandar buenas ondas”, desear el bien de los demás. Es una forma de rezar para los que no tienen fe y no son creyentes, pero pueden hacer así.

Además, en cada documento que tratan, les sugiero que busquen un rostro. Esto es importante: detrás de cada uno de esos papeles hay un rostro, diez rostros, tantos rostros… Busquen un rostro: los rostros de las personas detrás de esos papeles. Ponerse en su lugar para comprender mejor su situación… Es importante no quedarse en la superficie, sino tratar de llegar a la realidad para ver sus rostros y llegar al corazón de las personas. Están muy lejos, pero están “transcritas” aquí. Entonces, el trabajo se convierte en un interesarse por los demás, las vivencias, las historias de todos.

Y algo más: recordemos lo que decía San Juan de la Cruz: “El alma que anda en amor ni cansa, ni se cansa” (Dichos de amor y de luz, 96). Para avanzar necesitamos amar. La pregunta que plantearse no es “¿cuánto me pesan estas cosas que tendré que hacer?”, sino “¿cuánto amor pongo en estas cosas que hago ahora?” El que ama tienen imaginación para hallar soluciones donde otros solo ven problemas. El que ama ayuda al otro según sus necesidades y con creatividad, no según ideas preestablecidas o lugares comunes. Es un creador: el amor te lleva a crear, está siempre adelante.

Entusiasmo, buscar los rostros, amar: así se puede seguir adelante, y así animo también a ustedes a seguir adelante, día a día.

Dios los bendiga, así como a sus seres queridos y al trabajo que realizan en el FIDA en beneficio de muchos, para vencer el gravísimo flagelo del hambre en el mundo. Y también yo pido algo. Les pido que no se olviden de rezar por mí, o al menos de enviarme buenos pensamientos. ¡Gracias!