La música de la creación

Han pasado pocos días desde la celebración de la Pascua, la fiesta más importante que el mundo católico vive durante el año litúrgico. El evento que celebra el misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo ha sido exaltado desde hace siglos, no sólo espiritualmente, sino también a través del más noble don que Dios ha dado al hombre: el arte, especialmente la música.
 
De esto es de lo que habló Monseñor Marco Frisina, biblista y fundador-director del Coro de la Diócesis de Roma, quien es uno de los compositores más populares de música sacra y litúrgica en Italia y en el extranjero, y autor de famosas bandas sonoras para la televisión y el cine, en la entrevista que les compartimos a continuación.

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La Sixtina no es una pieza de museo

Conjugar una tradición única en el mundo con la vocalidad moderna. Este es el principal desafío que debe afrontar la Capilla Musicale Pontificia «Sixtina», según el maestro Massimo Palombella, que la dirige desde hace un año. «Las adquisiciones técnicas del siglo XVIII deben ser conocidas por quien hace este trabajo; hay que insertar gradualmente el repertorio contemporáneo. La historia de la música no se ha acabado y no se acabará jamás. No se puede ignorar la escuela francesa del siglo XVIII con todo aquello que nos ha dado, de Messiaen a Ravel, de Faurè a Poulenc o Duruflé».
 

¿La creatividad? Un don que es preciso vivir

En la próxima fiesta del evangelista que la tradición señala también como pintor, San Lucas (18 de octubre), en el Centro Arte y Cultura de la Obra de Santa María del Fiore, en Florencia, se celebrará un evento singular: una jornada de estudio querida por una comunidad monástica para reflexionar sobre el arte que ha realizado al servicio de la liturgia. Titulada «Arte sacro contemporáneo. Vida originaria y espiritualidad», la jornada parte de la construcción de una iglesia como expresión de la vida de esta comunidad cristiana aún joven, la cual se inserta en la tradición benedictina. Se trata de la Iglesia de la Transfiguración, en Orleans, Massachusetts; se llama Community of Jesus, y fue fundada por dos mujeres estadounidenses entre 1958-1970.
 
Lo extraordinario de la vida de esta comunidad, en la que se centra la jornada de estudio, es el excepcional interés de sus miembros por el arte y la arquitectura: un componente tradicional del carácter benedictino. Pero, en este caso, dicho interés es sorprendente, dado que la Community of Jesus nace en el ámbito de la Reforma del siglo XVI y la mayoría de sus miembros provienen del protestantismo, de forma que la enfatización artística y la asunción de la identidad monástica resultan opciones no «naturales», como serían en una comunidad católica-romana u ortodoxa, sino sobrenaturales, indicadas por el mismo Espíritu, por el que los miembros de esa Comunidad se sienten llamados a orar y a trabajar juntas.