Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2019 (Oración del Día 7)

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2019 (Oración del Día 7)

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Día 7

¡Grande es tu fe, mujer!
(Mateo 15, 28)

1 Samuel 1, 12-17

Al prolongar ella su oración ante el Señor, Elí se puso a observar sus labios; como Ana oraba en silencio, sus labios se movían, pero no se ´ía su voz. Entonces Elí pensó que estaba borracha y le dijo:

-¿Hasta cuándo seguirás borracha? A ver si se te pasa el efecto del vino.

Ana respondió:

-No, señor mío, es que soy una mujer desgraciada. No he bebido vino ni licor; estoy desahogando mi corazón ante el Señor. No tomes a tu sierva por una mujer perdida, pues el exceso de mi pena y mi dolor me han movido a orar de este modo.

Elí le dijo:

-Vete en paz, y que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido.

Evangelio según San Mateo 15, 21-28

Jesús se fue de allí y se retiró a la región de Tiro y Sidón. En esto, una mujer cananea procedente de aquellos lugares se puso a gritar:

-Ten piedad de mí, Señor, Hijo de David; mi hija vive maltratada por un demonio.

Jesús no le respondió nada. Pero sus discípulos se acercaron y le decían:

-Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosostros.

Él respondió:

-Dios me ha enviado sólo a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.

Pero ella fue, se postró ante JEsús y le suplicó:

-¡Señor, socórreme!

Él respondió:

-No está bien tomar el pan de los hijos para echárselo a los perritos.

Ella contestó:

-Es cierto, Señor, pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.

Entonces Jesús le contestó:

-¡Mujer, qué grande es tu fe! Que te suceda lo que pides.

Y desde aquel momento quedó sana su hija.

Reflexión

Elí juzga mal la oración profunda y ferviente de Ana y la desprecia, desechando sus súplicas como palabras de una borracha. Sin embargo, su reacción pidiéndole que no la rechace como una «desvergonzada» suaviza su corazón y al final la despide con una bendición. Del mismo modo, cuando la mujer cananea vino a su encuentro para suplicar que curara a su hija, Jesús al principio la rechazó, afirmando que había venido sólo para su propio pueblo. Sin embargo, ella siguió insistiendo con su súplica y atrevimiento y, finalmente, reconociendo su gran fe, Jesús le concedió lo que pedía. En ambos casos, una mujer que inicialmente es marginada y juzgada indigna de recibir atención, se convierte en una que habla proféticamente palabras que suavizan los corazones y traen sanación y plenitud.

La marginación y el rechazo de las voces de las mujeres siguen estando presentes en nuestro tiempo. Incluso dentro de nuestras Iglesias con frecuencia somos cómplices de culturas que devalúan a la mujer. En la medida en que los cristianos se hacen conscientes de sus fracasos en este ámbito, se dan también más cuenta del horror que supone la violencia contra las mujeres y los niños, arrebatados a la fuerza de sus casas y víctimas del tráfico de seres humanos. Estos y otros trabajadores migrantes son tratados frecuentemente como menos que humanos y se les niegan los derechos humanos más básicos. En los últimos años las Iglesias de Indonesia han tomado acción común contra el tráfico de seres humanos y el abuso sexual infantil. Estos esfuerzos y los de las personas de otras confesiones son cada vez más urgentes, ya que el número de las víctimas en algunas partes del país crece diariamente.

Cuando los cristianos se unen en oración y en el estudio de las Escrituras y escuchan verdaderamente la voz de Dios, descubren que Dios también habla hoy a través de los gritos de los más maltratados en nuestra sociedad. Al escuchar juntos la llamada de Dios, se sienten llamados a unirse en una acción común contra el flagelo de la trata de personas y otros males presentes en nuestro mundo.

Oración

Dios clemente, eres la fuente de la dignidad humana.

Por tu gracia y tu poder las palabras de Ana cambiaron el corazoón del sacerdote Elí; por tu gracia y tu poder las palabras de la mujer cananea movieron a Jesús a curar a su hija.

Al intentar manifestar la unidad de tu Iglesia, danos el valor para rechazar toda forma de violencia contra las mujeres y para celebrar los dones del Espíritu que las mujeres aportan al servicio de la Iglesia.

Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.