La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida: Primera predicación de Cuaresma del P. Raniero Cantalamessa (27/02/2015) - 4. La fe y las obras y el Espíritu Santo

4.La fe y las obras y el Espíritu Santo

Pero ¿no reducimos así el Evangelio a una sola dimensión, la de la fe, descuidando las obras? ¿Y cómo conciliar la explicación apenas expuesta con otros pasajes del Nuevo Testamento donde la palabra conversión está dirigida a quien ha creído? A los apóstoles que le seguían desde hace tiempo Jesús les dijo un día: "Si no cambiáis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos" (Mt 18, 3); Juan, en el Apocalipsis, repite a cada una de las siete iglesias el imperativo "convertíos" (metanoeson), donde el sentido inequívoco de la palabra es: ¡vuelve al fervor primitivo, sé vigilante, cumple las obras de antes, deja de acunarte en la ilusión de estar bien con Dios, sal de tu tibieza! (cfr. Ap 2-3).

La cosa se explica con una sencilla analogía con lo que sucede con la vida física. El niño ni puede hacer nada para ser concebido en el sentido de la madre; necesita del amor de dos padres que le dan la vida; pero una vez que viene al mundo debe formar sus pulmones, respirar, mamar, o de lo contrario la vida recibida se apaga. En este sentido se entiende la frase de Santiago: "La fe sin las obras está muerta" (St 2, 26), en el sentido de que sin las obras la fe "muere".

Este es también el sentido que la teología católica siempre ha dado a la definición paulina de "la fe que obra por medio del amor" (Ga 5, 6). Uno no se salva por las buenas obras, pero no se salva sin las buenas obras: podemos resumir así lo que el concilio de Trento dice sobre este punto y que el diálogo ecuménico hace más y más ampliamente compartido entre los cristianos.

La exhortación apostólica del papa Francisco reflexiona esta síntesis entre fe y obra. Después de haber iniciado hablando de la alegría del Evangelio que llena el corazón, en el cuerpo de la carta recuerda todos los grandes "no" que el Evangelio pronuncia contra el egoísmo, la injusticia, la idolatría del dinero, y todos los grandes "sí" que esto nos anima a decir al servicio del los otros, el compromiso social, a los pobres.

La exigencia de compromiso que el Evangelio implica, no atenúa la promesa de alegría con la que Jesús inaugura su ministerio y el Papa inicia su exhortación, es más, la refuerza. Esa gracia que Dios ha ofrecido a los hombres enviando a su Hijo al mundo, ahora, que Jesús ha muerto y resucitado y ha enviado al Espíritu Santo, no deja al creyente solo luchando con las exigencias de la ley de del deber; pero hace en él y con él, mediante la gracia lo que él puede. Le da "una inmensa alegría en medio de todas las tribulaciones" (2 Co 7, 4).

Es la certeza con la que el papa Francisco concluye su exhortación. El Espíritu Santo, recuerda,"viene en ayuda de nuestra debilidad" (Rm 8, 26) (EG, n. 280). Él es nuestro gran recurso. La alegría prometida por el Evangelio es fruto del Espíritu (Ga 5, 21), y no se mantiene si no gracias a un continuo contacto con él.

En un reciente encuentro con los líderes de las Fraternidades carismáticas, el papa Francisco usó el ejemplo de lo que sucede en la respiración humana. (4) Tiene dos fases: está la inspiración con la que se recibe el aire y está la espiración con la que se expulsa el aire. Son, decía, un bonito símbolo de lo que debe suceder en el organismo espiritual. Nosotros inspiramos el oxígeno que es el Espíritu Santo mediante la oración, la meditación de la palabra de Dios, los sacramentos, la mortificación, el silencio; derramamos el Espíritu cuando vamos hacia los otros, en el anuncio de la fe y en las obras de la caridad.

El tiempo de cuaresma que acabamos de empezar, es, por excelencia, tiempo de inspiración. Hagamos, en este tiempo, respiraciones profundas; llenemos de Espíritu Santo los pulmones de nuestra alma y así, sin que nos demos cuenta, nuestro aliento olerá a Cristo. ¡Buena Cuaresma a todos!


(1) Benedicto XVI, Discurso a la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para la Familia en 2011.

(2) Novo millennio ineunte, 46.

(3) Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, I-IIae, q. 113, a,4.

(4) Discurso a los miembros de la "Catholic Fraternity of Charismatic Covenant Communities and Fellowships", Viernes, 31 de octubre de 2014.