Transformen el mundo con el amor de Cristo: Palabras y Homilía del Papa Francisco durante la XII Peregrinación Internacional de Monaguillos (31/07/2018)

“El camino hacia la santidad no es un sendero fácil, pero tampoco imposible de recorrer. Para lograrlo es fundamental transformar el mundo, viviendo el amor de Cristo”, con estas palabras el Papa Francisco alentó a los más de 60 mil ministrantes (monaguillos) y acólitos que se dieron cita en la Plaza de San Pedro, la tarde de este martes 31 de julio; con motivo de la XII Peregrinación Internacional que organiza el “Coetus Internationalis Ministrantium” (CIM), organismo internacional que reúne a los diversos grupos nacionales y diocesanos de “los servidores del altar” de Europa. «Buscar y perseguir la paz», es el lema de este evento que durará hasta el 3 de agosto y que cuenta con la participación de jóvenes procedentes de países europeos como Alemania, Italia, Portugal, Suiza, Serbia, Ucrania, Francia, Bélgica, Croacia, Luxemburgo, Austria, Rumania, Eslovaquia, República Checa, Hungría y Polonia. También están presentes grupos de Estados Unidos y Antigua y Barbuda; un pequeño país americano situado en el mar del Caribe. Primeramente el Papa saludó a los jóvenes y respondió a cinco preguntas, para después encabezar un momento de oración en que les dirigió una breve homilía. Reproducimos a continuación el texto de la sesión de preguntas, así como de la homilía, traducido del italiano:

Queridos ministrantes (monaguillos), ¡buenas tardes!

Me da alegría verlos así de numerosos aquí en la Plaza de San Pedro, adornada con los colores de sus banderas. Tuve también la alegría de verlos ya hacia el mediodía, con este calor: ¡son valerosos! ¡Felicidades! Me han entregado los signos distintivos de su peregrinación: ¡gracias de corazón! Soy peregrino con ustedes que vienen de tantos países del mundo. Estamos unidos en la fe en Jesucristo, estamos en camino con Él que es nuestra paz. Agradezco a su Presidente, Monseñor Nemet, por el saludo que me dirigió a nombre de ustedes. Me ha pedido animarlos, me pidió: “¡Anímelos, Santo Padre!” Debo animarlos. Por esto les cedo la palabra y ustedes harán las preguntas.

Preguntas de los jóvenes y respuestas del Santo Padre:

Pregunta 1 - De Luxemburgo (área lingüística francesa)

Santo Padre, como ministrantes (monaguillos) y también como creyentes nos damos la paz mutuamente con el signo de la paz durante la Santa Misa. ¿Cómo podemos contribuir a hacer salir esta paz también fuera de los muros de nuestras iglesias y así ser constructores de paz en nuestras comunidades, en nuestros países, en nuestras familias y en el mundo?

Papa Francisco:

¡Gracias! Has dicho muy bien: la paz y la Santa Misa van juntas. Antes del signo de la paz pedimos al Señor que de paz y unidad a la comunidad de la Iglesia. La paz es su don que nos transforma para que nosotros, como miembros de su cuerpo, podamos probar los mismos sentimientos de Jesús, podamos pensar como Él piensa – ¡los mismos sentimientos de Jesús, podamos pensar como Él piensa! –, amar como Él ama. Y esto da paz. Y al final de la Misa somos invitados con la palabra: «Vayan en paz», esto es: lleven la paz con ustedes, para darla a los demás, darla con su vida, con la sonrisa, con las obras de caridad. El compromiso concreto por la paz es la prueba del hecho de que somos verdaderamente discípulos de Jesús. La búsqueda de la paz comienza con las pequeñas cosas. Por ejemplo, en casa, después de una discusión entre hermanos, ¿me encierro en mí mismo – pregunto – haciéndome el ofendido, o intento dar un paso hacia el otro? ¿Sé hacer la paz en los pequeños gestos? ¿Estoy listo para preguntarme en cada situación: “¿Qué cosa haría Jesús en mi lugar?” Si hacemos esto, y buscamos ponerlo en práctica con decisión, llevaremos la paz de Cristo en la vida de cada día y seremos constructores e instrumentos de paz. Gracias.

Pregunta 2 - De Portugal (área lingüística portuguesa)

Santo Padre, somos acólitos, servimos al Señor en el altar y lo contemplamos en la Eucaristía. ¿Cómo podemos vivir la contemplación espiritual a ejemplo de María y el servicio práctico a ejemplo de Martha de manera concreta, buscando reconocer que quiere Jesús de nosotros en nuestra vida?

Papa Francisco:

Como ministrantes (monaguillos) ustedes hacen, en efecto, un poco la experiencia de Martha y María. Es hermoso si, además de su turno de servicio litúrgico, saben por una parte comprometerse en la vida parroquial y por otra estar en silencio en la presencia del Señor: las dos cosas. Y así, en este entrecruce de acción y de contemplación, se reconoce también el designio de Dios para nosotros: se ve cuáles son los talentos y los intereses que Dios nos pone en el corazón y cómo desarrollarlos; pero sobretodo nos pone humildemente delante de Dios, así como se es: como somos, sin maquillarse, sin disfrazarse, así como somos, delante de Dios, con los méritos y los límites, pidiéndole a Él cómo mejor poder servirle y a nuestro prójimo. Y no tengan miedo de pedir un buen consejo cuando se pregunten cómo poder servir a Dios y a las personas que tienen necesidad de ayuda en el mundo. Recuerden que cuanto más se entreguen a los demás, tanto más recibirán en plenitud ustedes mismos y serán felices. Gracias.

Pregunta 3 - De Antigua y Barbuda (área lingüística inglesa)

Santo Padre, trabajando como ministrantes (monaguillos) nos entristece ver a pocos contemporáneos que participan en la Santa Misa y en la vida parroquial. La Iglesia, en algunos países, está perdiendo velozmente, por diferentes motivos, a muchos jóvenes. ¿Cómo podemos nosotros y nuestras comunidades reunir a estas personas y hacerles volver a Cristo y a la familia de la Iglesia?

Papa Francisco:

Hoy ustedes, como jóvenes, pueden ser apóstoles que sepan atraer a otros a Jesús. Esto sucede si ustedes están llenos de entusiasmo por Él, por Jesús, si lo han encontrado, conocido personalmente, y si han sido, ustedes primero, “conquistados” por Él. Por esto les digo: busquen conocer y amar siempre más al Señor Jesús – Quiero repetirlo: busquen conocer y amar siempre más al Señor Jesús –, encontrándolo en la oración, en la Misa, en la lectura del Evangelio, en el rostro de los pequeños y de los pobres. Y busquen ser amigos, con gratuidad, de quien está alrededor de ustedes, para que un rayo de la luz de Jesús pueda llegar a ellos a través de su corazón enamorado de Él. Queridísimos muchachos y muchachas, no hay necesidad de muchas palabras, son más importantes los hechos, la cercanía, el servicio, la mirada silenciosa frente al Santísimo Sacramento. Los jóvenes – como todos los demás – tienen necesidad de amigos que den un buen ejemplo, que hagan sin pretensiones, sin esperar nada a cambio. Y de este modo ustedes hacen sentir también lo hermosa que es la comunidad de los creyentes porque el Señor habita en medio de ellos, qué hermoso es formar parte de la familia de la Iglesia. Gracias.

Pregunta 4 - De Alemania (área lingüística alemana)

Santo Padre, mucha gente dice que no necesita a Dios, la religión y la Iglesia en su vida. ¿Por qué se debería decidir precisamente por la fe católica? ¿Qué es lo más importante? ¿Y por qué la fe es tan importante para ellos?

Papa Francisco:

La fe es esencial, la fe me hace vivir. Diría que la fe es como el aire que respiramos. No pensamos en cada respiración lo necesario que es el aire, ¡pero cuando falta o no está limpio nos damos cuenta lo importante que es! La fe nos ayuda a encontrar el sentido de la vida: hay uno que nos ama infinitamente, y este “uno” es Dios. Él nos ama infinitamente. Podemos reconocer a Dios como nuestro creador y salvador; amar a Dios es acoger nuestra vida como don suyo. Dios quiere entrar en una relación vital con nosotros; quiere crear relaciones, y nosotros estamos llamados a hacer otro tanto. ¡No podemos creer en Dios y pensar en ser hijos únicos! El único “Hijo Único” que tiene Dios es Jesús. Único porque es Dios. Pero entre los hombres, no hay hijos únicos de Dios. ¿Piensen en esto! Todos somos hijos de Dios. Estamos llamados a formar la familia de Dios, esto es la Iglesia, la comunidad de hermanos y hermanas en Cristo – somos «familiares de Dios» como dice San Pablo (Ef 2, 19). Y en esta familia de la Iglesia, el Señor alimenta a sus hijos con su Palabra y sus Sacramentos. Gracias.

Pregunta 5 - De Serbia (área lingüística húngara)

Santo Padre, nuestro servicio de ministrantes (monaguillos) es hermoso, nos gusta mucho. Queremos servir al Señor y al prójimo. Pero hacer el bien no es siempre fácil, no somos todavía santos. ¿Cómo podemos traducir nuestro servicio, en la vida cotidiana, en obras concretas de caridad y en un camino hacia la santidad?

Papa Francisco:

Sí, se necesita fatigarse para hacer siempre el bien y convertirse en santos… Sabes, el camino a la santidad no es para los flojos: se necesita fatigarse. Veo que ustedes, ministrantes (monaguillos) se comprometen en este camino. El Señor Jesús nos ha dado un programa simple para caminar por el camino hacia la santidad: el mandamiento del amor a Dios y al prójimo. Buscamos estar bien enraizados en la amistad con Dios, agradecidos por su amor y deseosos de servirlo en todo, y así no podemos hacer otra cosa que compartir el don de su amor con los demás. Y para concretizar el mandamiento del amor, Jesús nos ha mostrado las obras de misericordia. Me gustaría preguntar si todos conocen las obras de misericordia. Estoy seguro que sus Obispos se las han enseñado. Pero ustedes, ¿conocen bien cuáles son las obras de misericordia? Si no las conocen, ¿cómo pueden hacerlas? Es importante: las obras de misericordia. Son un camino exigente pero para todos. Para hacer una obra de misericordia, no es necesario ir a la universidad, obtener un título. Todos, todos podemos hacer las obras de misericordia. Son para todos. Basta que cada uno de nosotros comience a preguntarse: “¿Qué puedo hacer yo, hoy, para ir al encuentro de las necesidades de mi prójimo?”, de este prójimo: de mis hermanos, de mi papá, de mamá, de los abuelos, de mis amigos, de los pobres, de los enfermos…; pero uno, uno al día. ¿Qué puedo hacer yo para ir al encuentro de las necesidades de mi prójimo? Y no importa si es amigo o desconocido, connacional o extranjero, es el prójimo. Créanme, haciendo así se pueden convertir verdaderamente en santos, hombres y mujeres que transforman el mundo viviendo el amor de Cristo. Es verdad, no es fácil, cuesta fatiga. Pero, recuerden, lo digo una vez más: el camino hacia la santidad no es para flojos.

Gracias por este coloquio.

Homilía del Santo Padre

«Hagan todo por la gloria de Dios»: Así San Pablo nos exhorta en la lectura que apenas escuchamos. Servir a la gloria de Dios en cada cosa que hagamos es el criterio decisivo para nuestro actuar, la síntesis máxima de lo que significa la amistad con Jesús. Es la indicación que nos orienta cuando no estamos seguros de qué es justo hacer; nos ayuda a reconocer la voz de Dios dentro de nosotros, que nos habla en la conciencia para que podamos discernir su voluntad. La gloria de Dios es la aguja de la brújula de nuestra conciencia.

San Pablo nos habla también de otro criterio: esforzarse por complacer a todos en todo para que lleguen a la salvación. Somos todos hijos de Dios, tenemos los mismos deseos, sueños e ideales. A veces alguno se desilusiona y somos nosotros los que podemos volver a prender la luz, transmitir un poco de buen humor. Así es más fácil ir de acuerdo y dar testimonio en la vida de cada día del amor de Dios y la alegría de la fe. Depende de nuestra coherencia que nuestros hermanos reconozcan a Jesucristo, el único salvador y la esperanza del mundo.

Quizá se pregunten: “¿Cómo puedo hacerlo yo? ¿No es una tarea muy elevada?” Es verdad, es una misión grande, pero es posible. Ahora San Pablo nos anima: «Háganse mis imitadores, como yo lo soy de Cristo». Sí, podemos vivir esta misión imitando a Jesús como hizo el apóstol Pablo y todos los santos. Miremos a los santos, que son el Evangelio vivo, porque han sabido traducir el mensaje de Cristo en la propia vida. El santo de hoy, Ignacio de Loyola, que de joven fue soldado, pensaba en la propia gloria, en el momento bueno fue atraído por la gloria de Dios y descubrió que ahí está el centro y el sentido de la vida. Hagámonos imitadores de los santos; hagamos todo por la gloria de Dios y por la salvación de los hermanos. Pero, estén atentos y recuerden: en este camino de seguir a los santos, en este camino de la santidad, no hay lugar para los jóvenes flojos. ¡Gracias!