El mafioso blasfema con la vida el nombre de Dios: Homilía del Papa Francisco en la Misa en Palermo (15/09/2018)

El mafioso blasfema con la vida el nombre de Dios: Homilía del Papa Francisco en la Misa en Palermo (15/09/2018)

“La palabra odio está cancelada de la vida cristiana: no se puede creer en Dios y oprimir al hermano. No se puede creer en Dios y ser mafioso. Quien es mafioso no vive como cristiano, porque blasfema con su vida el nombre de Dios-amor”.

Así el Papa Francisco reflexionó este 15 de septiembre sobre la victoria y la derrota, el amor y el egoísmo, el vivir para sí mismos o el donarse a los demás, en la homilía de la misa que celebró en ocasión del 25to. aniversario del martirio del beato Don Pino Puglisi, en Palermo, Italia. En ocasión de su visita pastoral a esta región del sur de Italia, en un viaje de un día lleno de citas y celebraciones, el Papa rindió homenaje al beato mártir que tanta enseñanza dejó en el corazón de los palermitanos. Reproducimos a continuación el texto completo de su homilía, traducido del italiano:

Hoy Dios nos habla de victoria y de derrota. San Juan en la primera lectura presenta la fe como “la victoria que ha vencido al mundo» (1 Jn 12, 25), mientras en el Evangelio refiere la frase de Jesús: «Quien ama la propia vida, la perderá» (Jn 12, 25).

Esta es la derrota: pierde quien ama la propia vida. ¿Por qué? Ciertamente no porque necesite odiar la vida: la vida se ama y se defiende, ¡es el primer don de Dios! Lo que lleva a la derrota es amar la propia vida, esto es amar lo propio. Quien vive para lo propio pierde, es un egoísta, decimos nosotros. Parecería lo contrario. Quien vive para sí, quién multiplica sus facturas, Quien tiene éxito, quien satisface plenamente sus propias necesidades aparece como vencedor a los ojos del mundo. La publicidad los martilla con esta idea- la idea de buscar lo propio, del egoísmo -, sin embargo Jesús no está de acuerdo Y lo rebate. Según el quien vive para así no pierdes solo alguna cosa, sino la vida entera; mientras que quien se entrega encuentra el sentido de la vida y vence.

Entonces hay que escoger: amor único ismo. El egoísta piensa en cuidar la propia vida Y se apega a las cosas, al dinero, al poder, al placer. Entonces el diablo tiene las puertas abiertas. El diablo “entra por los bolsillos”, si estas apegado al dinero. El diablo hace creer que todo está bien pero en realidad del corazón se anestesia con el egoísmo. El egoísmo es una anestesia muy poderosa. Este camino termina siempre mal: al final te quedas solo, con vacío dentro de ti. El final de los egoístas es triste: vacíos, solos, rodeados sólo de aquellos que quieren heredarle. Es como el grano de trigo del Evangelio: si queda cerrado en sí mismo permanece bajo tierra solo. Sin cambio se abre y muere, da fruto hacia la superficie.

Pero ustedes podrían decirme: entregarse, vivir para Dios y para los demás es mucho trabajo para nada, el mundo no gira así: para salir adelante no sirven los granos de trigo, sirve el dinero y el poder. Pero es una gran ilusión: el dinero y el poder no liberan al hombre, lo hacen esclavo. Vean: Dios no ejercita el poder para resolver los males nuestros y del mundo. Su camino es siempre el del amor humilde: sólo el amor libera el interior, da paz y alegría. Por esto el verdadero poder, el poder según Dios, es el servicio. Lo dice Jesús. Y la voz más fuerte no es la que grita más. La voz más fuerte es la oración. Y el éxito más grande no es la propia fama, como el pavo real, no. La gloria más grande, el éxito más grande es el propio testimonio.

Queridos hermanos y hermanas, hoy estamos llamados a escoger de qué parte estamos: vivir para sí mismo - con la mano cerrada - o donar la vida - la mano abierta. Don Pino lo enseña: no vivía para hacerse ver, no vivía de llamarse anti-mafia, Y mucho menos se contentaba de no hacer nunca el mal, sino sembraba el bien, mucho bien. La suya parecía una lógica de pérdida, mientras parecía vencedora la lógica del portafolio. Pero el padre Pino tenía la razón: la lógica del dios dinero siempre pierde. Mirémonos al interior. Tenemos impulsos siempre para desear: tengo una cosa y de inmediato quiero otra, Y después una más y siempre más, sin final. Entre más tengo, más deseo: es una fea dependencia. Es una fea dependencia. Es como una droga. quien se llena de cosas, explota. Quien ama, En cambio, reencuentra en sí mismo y descubre qué hermoso es ayudar, qué hermoso es servir; encuentra la alegría en el interior y la sonrisa afuera, como le ocurrió a don Pino.

Hace 25 años como hoy, cuando moría el día de su cumpleaños, coronó su victoria con la sonrisa, con aquella sonrisa que no dejaba dormir de noche a su asesino, el cual decía: «Había una especie de luz en aquella sonrisa». El padre Pino estaba inerme, pero su sonrisa transmitía la fuerza de Dios: no un brillo cegador, sino una luz gentil que escarbaba dentro y aclaraba el corazón. Tenemos necesidad de cristianos de la sonrisa, no porque tomen las cosas a la ligera, Sino porque son ricos solamente de la alegría de Dios, porque creen en el amor y viven para servir. Es dando la vida que se encuentra la alegría, por qué hay más alegría en dar que en recibir (cf Hch 20, 35). Ahora quisiera preguntarles: ¿también ustedes quieren vivir así? ¿quieren dar la vida, sin esperar que los otros den el primer paso? ¿quieren hacer el bien sin esperar nada cambio, sin esperar que el mundo se convierta en algo mejor? Queridos hermanos y hermanas, ¿quieren arriesgarse en este camino, arriesgarse por el Señor?

Don Pino, él sí, él sabía que se arriesgaba, pero sabía sobretodo que el peligro verdadero en la vida es no arriesgarse, es vivir entre la comodidad, las medias tintas y los atajos. Dios nos libre de vivir hacia abajo, contentándonos con medias verdades. Las medias verdades no sacian al corazón, no hacen el bien. Dios nos libre de una vida pequeña, que gira entorno a las “pequeñeces”. Nos libre de pensar que todo está bien si a mí me va bien, y que el otro se las arregle como pueda. Nos libre de creernos justos si no hacemos nada por contrarrestar la injusticia. Quien no hace nada para contrarrestar la injusticia no es un hombre o una mujer justo. Nos libre de creernos buenos solo porque no hacemos nada malo. «es cosa buena - decía un santo - no hacer el mal. Pero es una cosa fea no hacer el bien» [S. Alberto Hurtado]. Señor, danos el deseo de hacer el bien; de buscar la verdad detestando la falsedad; de escoger el sacrificio, no la pereza; el amor, no el odio; el perdón, no la venganza.

A los demás la vida se les da, a los demás la vida se les da, no se les quita. No se puede creer en Dios y odiar al hermano, quitarle la vida con odio. Lo recuerda la primera lectura: «si uno dice: “yo amo a Dios” y odia a su hermano es un mentiroso» (1 Jn 4, 20). Un mentiroso, porque miente sobre la fe que dice tener, la fe que profesa el Dios amor. Dios amor repudia toda violencia y ama a todos los hombres. Por ello la palabra odio está cancelada de la vida cristiana; por ello no se puede creer en Dios y dominar al hermano. No se puede creer en Dios y ser mafioso. Quienes mafioso no vive como cristiano, porque blasfema con la vida el nombre de Dios amor. Todos tenemos necesidad de hombres y de mujeres de amor, lo de hombres y mujeres de honor; de servicio, no de dominación. Tenemos necesidad de caminar juntos, no de correr tras el poder. Si la letanía mafiosa es: “tú no sabes quién soy yo”, la cristiana es: “yo tengo necesidad de ti”. Si la amenaza mafiosa es: “Me la pagarás”, la oración cristiana es: “Señor, ayúdame a amar”. Por ello a los mafiosos les dijo: ¡Cambien, hermanos y hermanas! Dejen de pensar en ustedes mismos y en su dinero. Tú sabes, ustedes saben, que “el sudario no tiene bolsillos”. No podrán llevarse nada con ustedes. Conviértanse al verdadero Dios de Jesucristo, queridos hermanos y hermanas. Le digo a ustedes, mafiosos: si no hacen esto, su propia vida se perderá y será la peor de las pérdidas.

El Evangelio de hoy termina con la invitación de Jesús: «si alguno me quiere servir, que me siga» (v. 26). Que me siga, esto es que se ponga en camino. No se puede seguir a Jesús con las ideas, se requiere hacer. «Si alguien hace cualquier cosa, se puede hacer mucho», repetía don Pino. ¿Cuántos de nosotros ponen en práctica estas palabras? Hoy, frente a él preguntémonos: ¿Qué puedo hacer yo? ¿Qué puedo hacer por los demás, por la Iglesia, por la sociedad? No esperes que la Iglesia haga algo por ti, comienza tú. No esperes que la sociedad lo haga, ¡inicia tú! No pienses en ti mismo, no huyas de tu responsabilidad, ¡escoge el amor! Escucha la vida de tu gente que tiene necesidad, escucha a tu pueblo. Tengan miedo de la sordera de no escuchar a su propio pueblo. Este es el único populismo posible: escuchar a tu pueblo, el único “populismo cristiano”: escuchar y servir al pueblo, sin gritar, acusar o suscitar contenciones..

Así lo hizo el padre Pino, pobre entre los pobres de su tierra. En su habitación la silla donde estudiaba estaba rota. Pero la silla no era el centro de la vida, por qué no estabas sentado para descansar, Sino que vivía en camino para amar. Esta es la mentalidad vencedora. Esta es la victoria de la fe, que nace del don cotidiano de sí mismo. Esta es la victoria de la fe, que nace del escándalo del martirio. «Nadie tiene un amor más grande que este: dar la vida por los amigos» (Jn 15 ,13). Estas palabras de Jesús, escritas en la tumba de don Puglisi, recuerdan a todos que dar la vida ha sido el secreto de su victoria, el secreto de una vida bella. Hoy, queridos hermanos y hermanas, escojamos también nosotros una vida bella. Así sea.