Poca levadura transforma la masa: Catequesis del Papa Francisco (08/05/2019)

Poca levadura transforma la masa: Catequesis del Papa Francisco (08/05/2019)

El Papa Francisco ha regresado a Roma, después de un intenso viaje de tres días que le permitió encontrar las autoridades y comunidades cristianas de Bulgaria y Macedonia del Norte.

Durante la Audiencia General de este 8 de mayo, dio las gracias por este viaje: “Anoche regresé de mi viaje apostólico a Bulgaria y Macedonia del Norte, y deseo agradecer a todos por la acogida que me han dispensado en estos días… Mi más cordial ‘gracias’ a los obispos y a sus respectivas comunidades eclesiales por el calor y la devoción con que acompañaron mi peregrinación”. Compartimos a continuación, el texto completo de su catequesis, traducido del italiano:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Ayer regresé, a última hora de la tarde, de un viaje apostólico de tres días que me llevó a Bulgaria y a Macedonia del Norte. Doy gracias a Dios por haberme concedido efectuar estas visitas, y renuevo mi gratitud a las autoridades civiles de estos dos países que me han recibido con gran cortesía y disponibilidad. A los Obispos y a sus respectivas comunidades eclesiales dirijo mi “gracias” más cordial, por el calor y la devoción con que acompañaron mi peregrinaje.

En Bulgaria me guió la memoria viva de San Juan XXIII, que fue enviado a ese país en 1925 primero como Visitador y luego como Delegado Apostólico. Animado por su ejemplo de benevolencia y de caridad pastoral, encontré a ese pueblo, llamado a hacer de puente entre Europa Central, Oriental y Meridional; con el lema “Pacem in terris”, invité a todos a caminar por el camino de la fraternidad; y en este camino, en particular, tuve la alegría de dar un paso adelante en el encuentro con el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Búlgara Neofit y los miembros del Santo Sínodo. Efectivamente, como cristianos, nuestra vocación y misión es ser signo e instrumento de unidad, y podemos serlo, con la ayuda del Espíritu Santo, anteponiendo lo que nos une a lo que nos ha dividido o todavía nos divide.

La actual Bulgaria es una de las tierras evangelizadas por los santos Cirilo y Metodio, que San Juan Pablo II agregó a San Benito como Patronos de Europa. En Sofía, en la majestuosa Catedral Patriarcal de San Aleksander Nevkij, me recogí en oración ante la imagen sagrada de los dos hermanos Santos. Ellos, de origen griego, de Tesalónica, supieron usar con creatividad su cultura para transmitir el mensaje cristiano a los pueblos eslavos; idearon un nuevo alfabeto con el cual tradujeron al idioma eslavo la Biblia y los textos litúrgicos. También hoy se necesitan evangelizadores apasionados y creativos, para que el Evangelio llegue a quienes todavía no lo conocen y pueda irrigar de nuevo las tierras donde las antiguas raíces cristianas se han secado. Con este horizonte celebré dos veces la Eucaristía con la comunidad católica en Bulgaria y la animé a ser esperanzada y generativa. Doy gracias de nuevo a ese pueblo de Dios que me ha demostrado tanta fe y tanto afecto.

El último acto del viaje a Bulgaria se llevó a cabo junto con los representantes de las diferentes religiones: invocamos de Dios el don de la paz, mientras un grupo de niños llevaba antorchas encendidas, un símbolo de fe y esperanza.

En Macedonia del Norte estuve acompañado por la fuerte presencia espiritual de la Santa Madre Teresa de Calcuta, que nació en Skopje en 1910 y allí, en su parroquia, recibió los Sacramentos de la iniciación cristiana y aprendió a amar a Jesús. En esta mujer, menuda pero llena de fuerza gracias a la acción del Espíritu Santo, vemos la imagen de la Iglesia en ese país y en otras periferias del mundo: una comunidad pequeña que, con la gracia de Cristo, se convierte en una casa acogedora donde muchos encuentran consuelo para su vida. En el Memorial de la Madre Teresa, hice oración en presencia de otros líderes religiosos y de un numeroso grupo de pobres, y bendije la primera piedra de un santuario dedicado a ella.

Macedonia del Norte es un país independiente desde 1991. La Santa Sede ha buscado sostener desde el principio su camino y con mi visita quise animar sobre todo su tradicional capacidad de albergar diferentes pertenencias étnicas y religiosas; así como su compromiso por acoger y socorrer a un gran número de migrantes y de prófugos durante el período crítico de 2015 y 2016. Hay una gran acogida, tienen un gran corazón. Los migrantes les crean problemas, pero los acogen y los aman, y los problemas los resuelven. Esto es algo grande de este pueblo. Un aplauso a este pueblo.

Un país joven, Macedonia del Norte, desde el punto de vista institucional; un país pequeño y necesitado de abrirse a amplios horizontes sin perder sus raíces. Por esta razón fue significativo que justamente allí tuviera lugar el encuentro con los jóvenes. Muchachos y muchachas de diferentes denominaciones cristianas y también de otras religiones – musulmanes, por ejemplo – todos unidos por el deseo de construir algo hermoso en la vida. Les exhorté a soñar a la grande y “jugársela”, como la joven Agnese – la futura Madre Teresa – escuchando la voz de Dios que habla en la oración y en la carne de los hermanos necesitados. Me quedé impactado, cuando fui a visitar a las Hermanas de Madre Teresa; estaban con los pobres, y me impresionó la ternura evangélica de estas mujeres. Esta ternura nace de la oración, de la adoración. Ellas acogen a todos, se sienten hermanas, madres de todos, lo hacen con ternura. Muchas veces los cristianos perdemos esta dimensión de la ternura, y cuando no hay ternura, nos volvemos demasiado serios, ácidos. Estas hermanas son dulces en su ternura y hacen la caridad, pero la caridad tal como es, sin disfrazarla. En cambio, cuando se hace la caridad sin ternura, sin amor, es como si sobre la obra de caridad echásemos un vaso de vinagre. No, la caridad es alegre, no es ácida. Estas monjas son un hermoso ejemplo. Que Dios las bendiga, a todas.

Además de los testimonios de los jóvenes, en Skopje escuché a los sacerdotes y personas consagradas. Hombres y mujeres que han dado su vida a Cristo. Para ellos, tarde o temprano, llega la tentación de decir: “Señor, ¿qué es este pequeño don mío frente a los problemas de la Iglesia y del mundo?” Por eso les recordé que un poco de levadura puede hacer crecer a toda la masa, y un poco de perfume, puro y concentrado, impregna de buen olor todo el ambiente.

Es el misterio de Jesús–Eucaristía, semilla de vida nueva para toda la humanidad. En la misa que celebramos en la Plaza de Skopje, renovamos, en una periferia de la Europa de hoy, el milagro de Dios que con pocos panes y peces, partidos y compartidos, sacia el hambre de las multitudes. A su inagotable Providencia confiamos el presente y el futuro de los pueblos que visité en este viaje. Y los invito a todos a orar a la Virgen para que bendiga a estos dos países: Bulgaria y Macedonia del Norte.