Importunar a los pastores para que den la gracia y la doctrina: Regina Coeli del 11/05/2014

El Santo Padre antes de la oración mariana del Regina Coeli del cuarto domingo del tiempo pascual dedicó unas palabras a una plaza de San Pedro repleta de peregrinos, invitándoles a tener confianza en el Señor, que “nos guía y nos acompaña”. Ha invitado a rezar por los nuevos presbíteros de la diócesis de Roma, que ayer él mismo ordenó en la Basílica de San Pedro. El Papa exhortó a los sacerdotes a “ser buenos pastores” y a los fieles a importunar a los pastores “para que den la gracia y la doctrina”. A continuación, el texto completo de su alocución previa al rezo del Regina Coeli:
 
Queridos hermanos y hermanas, buenos días:
 
El evangelista Juan nos presenta, en este cuarto domingo del tiempo pascual, la imagen de Jesús el Buen Pastor. Contemplando este pasaje del Evangelio, podemos entender el tipo de relación que Jesús tenía con sus discípulos: una relación basada en la ternura, en el amor, en la comprensión mutua y en la promesa de un don incomparable: “yo he venido -dijo Jesús- para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10). Esta relación es el modelo de las relaciones entre los cristianos y las relaciones humanas.
 
Muchos también hoy, como en los tiempos de Jesús, se proponen como "pastores" de nuestras vidas; pero sólo el Resucitado es el verdadero Pastor, que nos da la vida en abundancia. Animo a todos a confiar en el Señor que nos guía. Pero no sólo nos guía, nos acompaña, camina con nosotros. Escuchemos con la mente y el corazón abiertos su Palabra, para alimentar nuestra fe, iluminar nuestra conciencia y seguir las enseñanzas del Evangelio.
 
Este domingo pedimos por los pastores de la Iglesia, por todos los obispos, entre ellos el obispo de Roma, y por todos los sacerdotes; en particular rezamos por los nuevos sacerdotes de la Diócesis de Roma, que he ordenado hace poco en la Basílica de San Pedro. Un saludo a estos trece sacerdotes. Que el Señor nos ayude a nosotros pastores, a ser siempre fieles al Maestro y guías sabios e iluminados del pueblo de Dios que se nos ha confiado. También a vosotros, por favor, les pido que nos ayuden: nos ayuden a ser buenos pastores. Una vez leí una cosa muy hermosa de como el pueblo de Dios, ayuda a los obispos y a los sacerdotes a ser buenos pastores. Es un texto de San Cesáreo de Arlés, un padre de los primeros siglos de la Iglesia. Y él explicaba como el pueblo de Dios, debe ayudar al pastor, y ponía este ejemplo: cuando el ternero tiene hambre, va con la vaca, va a su madre, a beber la leche; pero la vaca no se lo da rápidamente: parece que se lo quiera tener para ella. ¿Y que hace el ternerillo? Empuja con su hocico las mamas de la vaca para que salga la leche. ¡Es una bella imagen! “Así vosotros –dice este santo- debéis ser con los pastores: llamar siempre a su puerta, a su corazón, para que os den la leche de la doctrina, la leche de la gracia y la leche de la guía”. Y les pido por favor, de importunar a los pastores, molestar a los pastores, a todos nosotros pastores, para que nosotros les demos la leche de la gracia, de la doctrina y de la guía. ¡Importunen! Piensen en aquella bella imagen de la ternera como importuna a su mamá para que le de de comer.
 
A imitación de Jesús, cada Pastor "a veces se pondrá al frente para indicar el camino y sostener la esperanza del pueblo, el pastor debe ir adelante a veces, otras veces irá simplemente en el medio de todos con su proximidad sencilla y piadosa, y en algunas circunstancias tendrá que caminar detrás del pueblo, para ayudar a aquellos que se han quedado atrás" (Exhortación ap. Evangelii Gaudium, 31). ¡Que todos los pastores sean así! Pero ustedes importunen a los pastores, para que les den la guía de la doctrina y de la gracia.
 
Este domingo se celebra el Día Mundial de Oración por las Vocaciones. En el mensaje de este año afirmé que "toda vocación requiere, en todo caso, un éxodo de sí mismos para centrar nuestras vidas en Cristo y en su Evangelio" (n. 2). Por esta razón, la llamada a seguir a Jesús es a la vez emocionante y desafiante. Para que se realice es necesario siempre entrar en una profunda amistad con el Señor para vivir de Él y para Él.
 
Oremos para que también en este tiempo, muchos jóvenes sientan la voz del Señor que tiene siempre el riesgo de ser sofocada por tantas otras voces. Recemos por los jóvenes, quizá aquí en la plaza hay alguno que sienta esta voz del Señor que lo llama al sacerdocio: recemos por él, si está aquí, y por todos los jóvenes que están en esta situación.