Combinar contemplación y acción: Ángelus del 21/07/2019

Combinar contemplación y acción: Ángelus del 21/07/2019

Contemplación y acción. La sabiduría del corazón está en el saber conjugar estas dos actitudes, siguiendo el ejemplo de María y Marta, que reciben a Jesús en casa. Así lo afirmó el Papa Francisco antes de guiar la oración del Ángelus este 21 de julio, décimo sexto domingo del Tiempo Ordinario.

Dirigiéndose a los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro no obstante el sol ardiente de julio, el Pontífice comentó el pasaje del Evangelio de San Lucas que relata la visita de Jesús a la casa de Marta y María, hermanas de Lázaro, recordando que María se sienta a los pies de Jesús para escucharlo, porque “no quiere perder ninguna de sus palabras” mientras a Marta “los servicios la cautivan”. El Papa Francisco precisó que cuando el Señor viene a visitarnos a nuestra vida, “todo dejarse de lado”, porque “su presencia y su palabra están por encima de todo lo demás”. Compartimos a continuación el texto completo de su alocución, traducido del italiano:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el pasaje de este domingo, el evangelista Lucas narra la visita de Jesús a casa de Marta y de María, la hermana de Lázaro (cf. Lc 10, 38-42). Ellas lo acogen, y María se sienta a sus pies a escucharlo; deja lo que estaba haciendo para estar cerca de Jesús: no quiere perder ninguna de sus palabras. Todo se pone a un lado porque, cuando Él viene a visitarnos en nuestra vida, su presencia y su palabra vienen antes que cualquier cosa. El Señor nos sorprende siempre: cuando nos ponemos a escucharlo verdaderamente, las nubes se desvanecen, las dudas ceden el lugar a la verdad, los miedos a la serenidad, y las distintas situaciones de la vida encuentran la justa posición. El Señor siempre, cuando viene, organiza las cosas, también a nosotros.

En esta escena de María de Betania a los pies de Jesús, San Lucas muestra la actitud orante del creyente, que sabe estar en presencia del Maestro para escucharlo y ponerse en sintonía con Él. Se trata de hacer una pausa durante la jornada, de recogerse en silencio, algún minuto, para hacer espacio al Señor que “pasa” y tener el valor de quedarse un poco “aparte” con Él, para regresar después, con serenidad y eficacia, a las cosas de todos los días. Alabando el comportamiento de María, que «ha elegido la mejor parte» (v. 42), Jesús parece repetir a cada uno de nosotros: “No te dejes abrumar por las cosas que hay que hacer, sino escucha antes que nada la voz del Señor, para desarrollar bien las tareas que la vida te asigna”.

Está después la otra hermana, Martha. San Lucas dice ella fue la que acogió a Jesús (cf. v. 38). Quizá Martha era la mayor de las dos hermanas, no sabemos, pero ciertamente esta mujer tenía el carisma de la hospitalidad. De hecho, mientras María está escuchando a Jesús, ella está ocupada en muchos servicios. Por ello Jesús le dice: «Martha, Martha, tu te afanas y te agitas por muchas cosas» (v. 41). Con estas palabras Él no quiere condenar la actitud del servicio, sino por el contrario el afán con el que a veces se vive ese servicio. También nosotros compartimos las preocupaciones de Santa Martha, y siguiendo su ejemplo, nos proponemos hacer todo para que, en nuestras familias y en nuestras comunidades, se viva el sentido de la acogida, de la fraternidad, para que cada uno pueda sentirse “en casa”, especialmente los pequeños y los pobres cuando tocan a la puerta.

Entonces, el Evangelio de hoy nos recuerda que la sabiduría del corazón está justamente en saber conjugar estos dos elementos: la contemplación y la acción. Martha y María nos indican el camino. Si queremos saborear la vida con alegría, debemos asociar estas dos actitudes: por una parte, el “estar a los pies” de Jesús, para escucharlo mientras nos revela el secreto de cada cosa; por la otra, el estar presurosos y listos en la hospitalidad, cuando Él pasa y toca nuestra puerta, con el rostro del amigo que tiene necesidad de un momento de refresco y de fraternidad. Necesitamos esta hospitalidad.

Que María Santísima, Madre de la Iglesia, nos de la gracia de amar y de servir a Dios y a los hermanos con la manos de Martha y el corazón de María, para que permaneciendo siempre en escucha de Cristo podamos ser artesanos de paz y de esperanza. Y esto es interesante: con estas dos actitudes seremos artesanos de paz y de esperanza.