Se publicó el Decreto acerca de la fecha de la celebración litúrgica de San Pablo VI, Papa (06/02/2019)

Se publicó el Decreto acerca de la fecha de la celebración litúrgica de San Pablo VI, Papa (06/02/2019)

Este 6 de febrero fue publicado el decreto por medio del cual la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, encabezada por el Card. Robert Sarah, inscribe en el calendario la celebración de San Pablo VI, Papa, en el Calendario Romano General, ubicándola el 29 de mayo.

El decreto además, está acompañado por un comentario al mismo del propio Card. Sarah, así como por la Oración colecta propia de la celebración, en latín, que deberá ser traducida adecuadamente por las Comisiones de Liturgia correspondientes, así como por las lecturas que son propias de la Liturgia de la Palabra en esta celebración litúrgica. También se incluyen los textos introductorios a esta memoria litúrgica tanto para la Liturgia de las Horas como para el Martirologio Romano, ambas en latín, así como el texto que deberá utilizarse en el Oficio de Lecturas.

DECRETO DE INSCRIPCIÓN DE LA CELEBRACIÓN DE SAN PABLO VI, PAPA, EN EL CALENDARIO ROMANO GENERAL

Jesucristo, plenitud del hombre, que vive y actúa en la Iglesia, invita a todos los hombres al encuentro transfigurador con Él, «camino, verdad y vida» (Jn 14, 6). Los santos han recorrido este camino. Lo hizo Pablo VI, siguiendo el ejemplo del apóstol cuyo nombre asumió, en el momento que el Espíritu Santo lo eligió como Sucesor de Pedro.

Pablo VI (Giovanni Battista Montini) nació el 26 de septiembre de 1897 en Concesio (Brescia), Italia. El 29 de mayo de 1920 fue ordenado presbítero. Desde 1924 prestó su colaboración a los Sumos Pontífices Pío XI y Pío XII y, al mismo tiempo, ejerció el ministerio presbiteral con los jóvenes universitarios. Nombrado Sustituto de la Secretaría de Estado, durante la Segunda Guerra Mundial se dedicó a buscar refugio para los hebreos perseguidos y los prófugos. Más tarde, nombrado Pro-Secretario de Estado para los Asuntos Generales de la Iglesia, debido a su particular cargo, conoció y se reunió también con muchos promotores del movimiento ecuménico. Nombrado arzobispo de Milán, prestó una gran dedicación a la diócesis. En 1958 fue elevado a la dignidad de Cardenal de la Santa Iglesia Romana por san Juan XXIII y, tras la muerte de éste, fue elegido para la cátedra de Pedro el 21 de junio de 1963. Perseverando con entusiasmo en el trabajo iniciado por sus antecesores, llevó a cumplimiento particularmente el Concilio Vaticano II y dio inicio a numerosas iniciativas, signo de su gran solicitud por la Iglesia y el mundo contemporáneo, entre los cuales recordamos sus viajes como peregrino, realizados como servicio apostólico y que sirvieron tanto para preparar la unidad de los Cristianos, como para reivindicar la importancia de los derechos fundamentales de los hombres. También ejerció el magisterio supremo en favor de la paz, promovió el progreso de los pueblos y la inculturación de la fe, así como la reforma litúrgica, aprobando ritos y plegarias, teniendo en cuenta tanto la tradición como la adaptación a los nuevos tiempos, y promulgando con su autoridad, para el Rito Romano, el Calendario, el Misal, la Liturgia de las Horas, el Pontifical y casi todo el Ritual, a fin de favorecer la participación activa del pueblo fiel en la liturgia. Asimismo, trató que las celebraciones pontificias tuvieran una forma más sencilla. El 6 de agosto de 1978 entregó su alma a Dios en Castel Gandolfo y, según sus disposiciones, fue sepultado en humildad, tal como había vivido.

Dios, pastor y guía de todos los fieles, confía a su Iglesia, peregrina en el tiempo, a quienes ha constituido vicarios de su Hijo. Entre ellos resplandece san Pablo VI, quien unió en su persona la fe límpida de san Pedro y el celo misionero de san Pablo. Recordemos que, en su visita al Consejo ecuménico de las Iglesias en Ginebra, el 10 de junio de 1969, aparece con claridad su conciencia de ser Pedro, al presentarse diciendo: «Mi nombre es Pedro». Pero la misión para la cual se sentía elegido se derivaba también del nombre adoptado. Como Pablo, gastó su vida por el Evangelio de Cristo, atravesando nuevas fronteras y convirtiéndose en su testigo con el anuncio y el diálogo, profeta de una Iglesia extrovertida que mira a los lejanos y cuida de los pobres. De hecho, la Iglesia fue siempre su amor constante, su preocupación primordial, su pensamiento fijo, el primer y fundamental hilo conductor de su pontificado, porque quería que la Iglesia tuviera mayor conciencia de sí misma para difundir, cada vez más, el anuncio del Evangelio.

Considerando la santidad de vida de este Sumo Pontífice, testimoniada por sus obras y palabras, teniendo en cuenta la gran influencia ejercida por su ministerio apostólico para la Iglesia diseminada por toda la tierra, el Santo Padre Francisco, acogiendo las peticiones y los deseos del Pueblo de Dios, ha dispuesto que la celebración de san Pablo VI, papa, se inscriba en el Calendario Romano General, el 29 de mayo, con el grado de memoria libre.

Esta nueva memoria debe inscribirse en todos los Calendarios y Libros litúrgicos para la celebración de la Misa y de la Liturgia de las Horas; los textos litúrgicos que han de ser adoptados, adjuntos al presente decreto, deben ser traducidos, aprobados y, tras la confirmación de este Dicasterio, publicados por las Conferencias de Obispos.

No obstante cualquier disposición contraria.

En la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a 25 de enero de 2019, fiesta de la Conversión de san Pablo, apóstol.

Robert Card. Sarah
Prefecto

+ Arthur Roche
Arzobispo secretario

Comentario de S.E. el cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

APÓSTOL VALIENTE DEL EVANGELO

Con decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, de fecha 25 de enero, el Papa Francisco estableció que la memoria de san Pablo VI sea inscrita en el Calendario General de la Iglesia de Rito Romano, teniendo en cuenta, tanto la importancia universal de su actividad como el ejemplo de santidad dado al Pueblo de Dios. El día de la celebración será el 29 de mayo, fecha de su ordenación presbiteral en 1920, ya que el 6 de agosto, día de su nacimiento para el cielo, es la fiesta de la Transfiguración del Señor. Si el santo es aquel que, haciendo fructificar la gracia divina en las obras, conforma su propia vida a Cristo, Pablo VI lo hizo respondiendo a la vocación a la santidad como bautizado, presbítero, obispo, Sumo Pontífice, y ahora contempla a Dios cara a cara. Siempre subrayó que «sólo en la búsqueda sincera de Dios, hecha con la oración, con la penitencia y con la metánoia de todo el ser, se pueden asegurar los verdaderos éxitos de la vida cristiana y apostólica, y poner en práctica la primera y siempre viva llamada del Señor a la santidad: Impletum est tempus, et appropinquavit regnum Dei; paenitemini et credite evangelio (Mc 1, 15). Estote ergo vos perfecti sicut et Pater vester caelestis perfectus est (Mt 5, 48)» (Discurso al Sacro Colegio en la felicitación de la onomástica, 21 de junio de 1976).

En 1931, siendo presbítero, cuando ya había comenzado su servicio a la Santa Sede, después de haber escrito que no quería «ninguna regla, ninguna añadidura extraordinaria» que distinguiera su vida cristiana de la forma normal, agregó que quería cultivar «un particular amor por lo que es esencial y común en la vida espiritual católica. Así — escribía — tendré la Iglesia madre de la caridad: su Liturgia será la regla preferida para mi espiritualidad religiosa». Y meditando sobre el «imitamini quod tractatis», extraía del misterio de la Eucaristía la consecuente necesidad de la «inmolación de su propia vida donde fuera», indicándola como «la misa en la vida» unida al «semper gratias agentes» (Apuntes en los ejercicios espirituales en Montecasino).

Junto al decreto, se publican los textos que se insertarán en los Libros litúrgicos (Calendario, Misal, Liturgia de las Horas, Martirologio). La oración colecta hace resonar lo que Dios ha llevado a cabo en su fiel servidor: «has encomendado el cuidado de tu Iglesia al papa san Pablo, apóstol valiente del Evangelio de tu Hijo», y le pide: «haz que, iluminados por sus enseñanzas, podamos cooperar contigo para difundir en el mundo la civilización del amor». Aquí se resumen las características principales de su pontificado y de su enseñanza: una Iglesia, que pertenece al Señor (Ecclesiam Suam), dedicada al anuncio del Evangelio, como recordó en la Evangelii nuntiandi, llamada a testimoniar que Dios es amor.

Se indican también las lecturas bíblicas para la Misa, elegidas del Común para los papas, y, como lectura para el Oficio de lecturas, algunos párrafos de la homilía que pronunció en la última Sesión pública del Concilio, el 7 de diciembre de 1965, sintetizado en el tema: Para conocer a Dios necesitamos conocer al hombre. Pablo VI vivió, antes y después de ser papa, mirando constantemente a Cristo, de quien sintió y proclamó la necesidad para cada hombre. Lo había manifestado en su primera Carta pastoral como Arzobispo de Milán titulada, con una expresión de san Ambrosio: Omnia nobis est Christus.

En una reflexión del 5 de agosto de 1963, un mes y medio después de su elección para la Cátedra de Pedro, escribió: «Tengo que volver al inicio: la relación con Cristo... que debe ser fuente de sincerísima humildad: “aléjate de mí; que soy un pecador...”; tanto en la disponibilidad: “os haré pescadores...”, como en la simbiosis de la voluntad y de la gracia: “para mí la vida es Cristo ...”». El amor por Cristo es el amor por su Iglesia. En Meditación ante la muerte, escribió con razón: «Ruego al Señor que me dé la gracia de hacer de mi muerte, ya próxima, un don de amor a la Iglesia. Podría decir que la he amado siempre y me parece haber vivido para ella y no para otra cosa».

Fascinado por la figura y la actividad apostólica de san Pablo, cuando el Espíritu Santo lo señaló como sucesor de san Pedro, no escatimó sus energías al servicio del Evangelio de Cristo, de la Iglesia y de la humanidad, vista a la luz del plan divino de salvación. Defensor de la vida humana, de la paz y del verdadero progreso de la humanidad, como lo demuestran sus enseñanzas, quería que la Iglesia, inspirándose en el Concilio y poniendo en práctica sus principios normativos, redescubriera cada vez más su identidad, superando las divisiones del pasado y muy atenta a los nuevos tiempos: Iglesia de Cristo, que pone en primer lugar a Dios, el anuncio del Evangelio, incluso cuando se prodiga por los hermanos, para construir esa «civilización del amor» inaugurada por el Espíritu en Pentecostés.

En Algunas notas para mi testamento, Pablo VI escribió: «Ningún monumento para mí». Aunque en octubre de 1989 se le erigió un monumento en la catedral de Milán, el verdadero monumento lo construyó el mismo Pablo VI con su testimonio, con sus obras, con sus viajes apostólicos, con su ecumenismo, con su labor para la Nova Vulgata, con la renovación litúrgica y con sus múltiples enseñanzas y ejemplos, mostrando así el rostro de Cristo, la misión de la Iglesia, la vocación del hombre moderno y conciliando el pensamiento cristiano con las exigencias de la difícil hora en la cual tuvo que guiar, sufriendo mucho, la Iglesia.

Robert Card. Sarah
Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos