Fiesta de la Sagrada Familia

Fiesta de la Sagrada Familia

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Inicias este rato de oración. Es importante en tu vida. No lo desperdicies. El Señor te llama para que escuches su mensaje, en la Palabra de la Escritura.

Para orar adecuadamente, tienes que dejar a un lado tus preocupaciones y planes. Te encuentras con Él, que te va a comunicar sus deseos sobre ti y sobre tu vida. Él es el protagonista, a quien hay que escuchar y acoger lo que quiera decirte.

Habla, Señor, que tu siervo escucha. Ábrete a El. Su Espíritu te inspirará y te indicará su Palabra. Como en otros tiempos manifestó su plan a innumerables oyentes, hoy lo va a hacer contigo. Dispón tu ánimo.

Invoca al Espíritu, como María para escuchar la Palabra, aceptarla y responderla: Veni, Sancte Spiritus.

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.

Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén.

(A. Somoza)

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Evangelio según San Lucas 2, 41-52

Contexto litúrgico

En el domingo dentro de la octava de Navidad se celebra en la Liturgia la Fiesta de la Sagrada Familia, que nos recuerda los primeros años de la vida de Jesús en Nazaret.

Contexto bíblico

El evangelista Lucas nos relata el episodio de la Sagrada Familia, José, María y Jesús que visitan el templo de Jerusalén, como estaba prescrito para todo judío piadoso (Ex 23, 14-17). En esta ocasión era para acompañar a Jesús en la edad de doce años y presentarlo al Señor, cuando el adolescente era recibido en la sociedad religiosa de Israel, entrando así en el período de su juventud.

Resalta Lucas, por un lado, la libertad con que Jesús adolescente, actúa con independencia de sus padres, y por otro, la incomprensión de lo que sucede por parte de María y de José.

Texto

1. Lo buscaron (v. 44)

Jesús se hace buscar "perdido" entre la multitud de devotos judíos, sentado en medio de los doctores.

María y José le buscaron con toda ansiedad y dolor. Entendemos la actitud de los padres que buscaban a su Hijo.

Este gesto de alejamiento de Jesús de sus padres ya nos va trasmitiendo una primera enseñanza. Jesús pretendía seguir su vocación, que más tarde se manifestaría al abandonar la casa de Nazaret para dedicarse de lleno a la evangelización.

Podemos entender que la búsqueda de Dios requiere distanciamiento aun de las personas más allegadas, Dios nos sale al paso y debe ser buscado. Nos pide renuncia para encontrarnos totalmente con Él y con su proyecto sobre nuestra vida.

Jesús comienza a ofrecernos su "disponibilidad total" al proyecto del Padre. El hombre "disponible" le han definido algunos teólogos.

2. ¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre? (v. 49)

Éstas son las primeras palabras de Jesús en el Evangelio de Lucas. Y con ellas, Jesús manifiesta su vocación de "hombre libre" para anunciar el Reino de Dios. Jesús inaugura así su éxodo de la religiosidad judía y de sus instituciones (entre ellas, el templo).

Recordemos que la edad de los doce años era requerida para que un judío tomara parte en la comunidad religiosa. A partir de esa edad, Jesús, como buen judío, quedaba obligado a la observancia de la Ley.

José y María no habían percibido del todo que aquel Hijo, tan sorprendente, manifestara con claridad que Dios, como Padre suyo, fuera el Absoluto en su vida.

No es fácil entender los planes de Dios. Ni siquiera María "entiende" la respuesta que les da Jesús.

3. Ellos no entendieron la respuesta que les dio (v.50)

Toda la vida de María y de José se convierte en un empeño, espera y esperanza, para comprender y realizar el proyecto de Dios en sus vidas. Pero no por eso, abandonaron su empeño de entender y seguir lo que su Hijo podría ir descubriéndoles.

Para nosotros también es totalmente importante conocer y seguir el proceso de búsqueda y encuentro con el Señor. Podemos resumir así:

  • Buscarlo. José y María lo buscaron (v. 44).
  • Creer en Él. María fue en todo momento la mujer que ha creído. Dichosa tú que has creído (Lc 1, 45). Así la saludó su prima Isabel.
  • Meditar la Palabra de Dios: Su madre conservaba todos estos recuerdos en su corazón (Lc 2, 51).

El estar junto a Jesús y ser la Madre del Hijo de Dios no le exime a María del proceso difícil, que lleva a la comprensión de los planes de Dios en la vida personal. Ella es, como discípula y creyente, la primera evangelizada por Jesús y la obra más eminente de su redención.

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¿Cómo y cuándo busco al Señor? ¿En los momentos difíciles solamente? ¿Le busco para que me solucione mis problemas materiales, económicos, de salud, etc.?

¿En la oración, me dejo cuestionar por Él, que me interpela: ¿Por qué me buscas? ¿Soy constante en la búsqueda del Señor?

¿Dónde quiero encontrarle al Señor? ¿En las cosas, en las personas? ¿En los débiles, en la oración, en los sacramentos?

Padre, que yo te busque incansablemente. Como lo hizo tu Hijo Jesús, como lo hicieron nuestra Madre María y San José.

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Contempla

A Jesús adolescente-joven que manifiesta su deseo de realizar la voluntad del Padre.

A María y a José que tratan de comprender los proyectos de Dios en sus vidas.

A ti mismo, que con frecuencia te desilusionas porque no ves claramente lo que el Señor espera de ti.

Intentaré descubrir la voluntad de Dios en mi vida, sobre todo, en la oración que me hará descubrir el sentido de los "signos de los tiempos".

Repetiré con frecuencia durante la semana: Habla, Señor, que tu siervo escucha (1 Sm 3, 10). Aquí vengo, Señor, para cumplir tu voluntad (Heb 10, 9; Sal 40, 4, 8).

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