7mo. Domingo Ordinario

7mo. Domingo Ordinario

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Intenta hacer silencio en tu interior y a tu alrededor. Prepara texto bíblico y, tal vez, un cuaderno de notas.

Sobre todo, ábrete a la inspiración del Espíritu, para que comprendas el sentido exacto de la Palabra, la vayas interiorizando para que sea la Palabra la que viva en ti.

Ora suavemente: Veni, Sancte Spiritus.

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.

Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén.

(A. Somoza)

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Evangelio según San Lucas 6, 27-38

Contexto

Lucas, después de la proclamación de las bienaventuranzas en el llano, nos describe la relación que debe existir entre los que optan por ser discípulos suyos.

Los que siguen a Jesús han de ser unos luchadores enérgicos y sin descanso contra toda injusticia y desigualdad. Pero, han de hacerlo sin odio, sin venganza. Más aún, perdonando y amando a los enemigos.

En tiempos de Jesús sonaba e imperaba la ley del talión: Ojo por ojo, diente por diente. Entonces, esta ley no era de venganza, sino era uno modo de frenar la violencia y de poner límite a la venganza, para que el castigo nunca fuera mayor que la ofensa.

Jesús propone otro camino. ¡Fuera toda venganza! En el Reino de Dios sólo deben brillar el amor y el perdón: Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso (v. 36).

Texto

La santidad de Dios no está en apartarse del mal, de lo profano. No está en cumplir unas leyes. Dios es santo porque es misericordioso. Lucas completa el ideal de santidad que pregonaba el AT: Sean santos porque Dios es santo. Dios es santo porque es misericordioso y compasivo.

El amor que propone Jesús tiene estas características:

  • Llega a todos: a los enemigos, a los que nos odian o nos desean mal, a los que nos injurian, a los que nos maltratan...
  • No es vengativo. No paga mal por mal, no busca el desquite, responde al mal con el bien.
  • No juzga ni condena: está listo para perdonar y dar el perdón con alegría.
  • Es gratuito y generoso: porque no espera recompensa.

Los discípulos de Jesús tienen otro modo de mirar las relaciones humanas. Más arriba de lo normal. Hacer el bien a los que nos hacen bien, esto es de toda persona. Pero, hacer el bien a quien nos hace mal, esto es propio del discípulo de Jesús, propio del mismo Dios. Más allá del sentido común, más arriba de lo habitual, más alto que cualquier norma humana de convivencia.

Hay tres niveles en el trato humano:

  • Traten a los demás como quieren que ellos les traten a ustedes (v. 31).
  • Den y Dios les dará... porque con la medida con que midan, serán medidos (v. 38).
  • Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso (v. 36).

El nivel típico del cristiano es el tercero. Es el nivel del Padre. ¡Hasta esa elevadísima altura ha de tender el discípulo de Jesús!

El perdón no se opone a la justicia

Jesús propone el perdón siempre. Que no se opone a la lucha contra la injusticia. Decir que no hay que luchar porque hay que perdonar las injusticias es un disparate.

Perdonar no es quedar como un pobre hombre, una pobre persona. Jesús perdonó al que le dio la bofetada. No respondió con otro golpe. Pero, a quien le golpeó le hizo la corrección evangélica: Si he obrado mal, demuéstrame en qué; pero, si he hablado bien, ¿por qué me pegas? (Jn 18, 23).

El amor generoso, la misericordia del Padre manifestada hacia nosotros en Jesús, nos ha de llevar a ser siempre instrumentos de amor, paz y perdón.

Sin esperar nada

Jesús propone la gratuidad en todo: Hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio (v 35). El cristiano ha de ir más allá de lo que la sociedad propone como norma de la convivencia humana.

“Para librarte de ti mismo, lanza un puente más allá del abismo de la sociedad que tu egoísmo ha creado. Intenta ver más allá de ti mismo. Intenta escuchar a algún otro y, sobre todo, prueba esforzarte por amar en vez de amarte a ti solo” (Helder Cámara).

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Me sitúo delante del mensaje de esta Palabra, que desea convertirme al Evangelio, buena noticia.

¿Cómo vivo estas enseñanzas de Jesús? ¿En qué fallo? ¿Qué tiene que cambiar en mi vida?

Ante este mensaje de Jesús, ¿qué le respondes? Sin duda que es un ideal muy elevado el propuesto por Jesús. Pero, aquí ha de trabajar más nuestra confianza en Él, en la fortaleza que nos da.

Le pedimos que nos dé ese valor para saber superar y perdonar de verdad, como Él supo hacerlo.

Le manifestamos nuestras resistencias a perdonar de verdad. Que Él mismo las liquide con la fuerza del sol que derrite los témpanos del hielo.

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Contempla

A Jesús, que perdona hasta el fin de su vida: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lc 23, 33).

A Jesús, que desde dentro de cada uno de nosotros y por nosotros, va perdonando a cada persona que nos haya ofendido. Le dejamos a Él mismo que sepa perdonar desde nuestro corazón ofendido.

A Jesús, que sigue trabajando en nuestra sociedad en sus discípulos y en las personas de buena voluntad para llevar adelante la no-violencia pacífica, la reconciliación, la justicia humana y social.

Todo lo meditado y contemplado aplícalo a tu vida durante la semana, con un buen compromiso hacia ti mismo, tu familia, tu comunidad, tu ambiente social y laboral.

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