4to. Domingo Ordinario

4to. Domingo Ordinario

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Da gracias al Señor, porque te pone frente a su Palabra. Pídele su ayuda para acercarte a ella con reverencia, con atención, con humildad.

Pide al Espíritu para que puedas acogerla con verdad, con sencillez, para que ella transforme tu vida.

Pide al Padre que su Palabra penetre en tí como espada de dos filos. Que tu corazón esté abierto, como el de María, Madre de Cristo y Madre nuestra.

Que como en ella la Palabra se hizo carne, también en tí esta Palabra se transforme en obras de vida según su voluntad.

Invoca al Espíritu: Veni, Sancte Spiritus.

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.

Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén.

(A. Somoza)

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Evangelio según San Lucas 4, 21-30

Texto

Es importante ubicar en este texto del Evangelio para este domingo a los personajes que intervienen, para analizar sus actitudes:

1. Jesús

a. Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que ustedes acaban de oír (v. 21).

Esta frase suena como la que dijeron los ángeles cuando nació Jesús: Hoy les ha nacido un Salvador (Lc 2, 11).

La Palabra siempre es actual, sobre todo cuando se proclama en la celebración litúrgica. Jesús está salvando aquí y ahora. Es hoy cuando se cumple esta Palabra...

Jesús es quien trae la verdadera salvación para cada persona y para toda la humanidad. Dios es la presencia liberadora total, como aparece en la profecía de Isaías (4, 18-19; la leímos el domingo pasado).

Se ha cumplido (se cumple), se realiza, se hace actual. La Buena Noticia de la liberación a los cautivos y oprimidos, de la vista a los ciegos, y la proclamación del año de gracia se realiza aquí y ahora, para cada uno de nosotros.

La presencia del Señor es un acontecimiento de salvación en cada momento. No son meras palabras. Es realidad, viva y total.

b. ¿De qué nos libera Jesús?

  • De nuestra pobreza: pecado, limitaciones, falta de confianza en el Señor, temor...
  • De nuestras esclavitudes: miedo a la auténtica libertad, miedo al riesgo de ser libres, miedo a dar la cara por el Evangelio, miedo a enfrentarnos con nuestra conciencia...
  • De nuestra falta de abandono en el amor del Padre. Él nos trae el año de gracia, porque siempre somos sus hijos amados. Porque él no nos falla nunca. Porque somos los agraciados de Dios.
  • De no entender el Evangelio como Buena/gran noticia, que consiste en: sentirnos amados por él, y vivir con alegría y gozo, porque estamos en sus manos y en su corazón.
  • De entenderle sólo como milagrero, para que remedie nuestros problemas. Como esperaban los de Nazaret.

2. Los paisanos de Nazaret

No entienden la misión de Jesús, buscan sólo milagros, no ven más allá que su condición familiar (el hijo de José).

Se ponen furiosos porque Jesús no se doblega a sus deseos. Le desprecian. Quieren eliminarlo. Les interesa solamente ese dios remedia-lo-todo, que se han imaginado.

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El Señor te dirige su Palabra hoy a ti. ¿Qué le respondes?

¿Cómo te aplicas estas palabras de Jesús? ¿Tienes algún parecido con los de Nazaret? Acoges la Palabra como verdadero mensaje que Dios te dirige a ti?

¿Tienes actitudes en tu interior de explicar la Palabra desde tus conveniencias para no dejar que la Palabra te interpele?

Te doy gracias, Jesús, porque asumiste tu condición de Hijo disponible para emprender la obra de la salvación. Sé que Tú no quieres presentar el plan de Dios de manera espectacular. Tus paisanos no entienden tu modo de comportarte. También quieres que aprenda que, en lo sencillo de nuestra actuación y en el testimonio de nuestras obras, podremos vivir y realizar el proyecto del Padre.

Haz que imitemos tu modo de ser y de actuar. Para que, en la medida de lo posible, también presentemos tu Palabra y tu mensaje dignamente. Y también, te pedimos que seamos consecuentes con nuestra vocación de ungidos por el Espíritu en el bautismo.

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Contempla

Quédate impresionado ante la revelación que hace Jesús. En silencio, imagínate a Jesús que, sereno, rotundo, hace sus afirmaciones de entrega total a la causa del Evangelio: la vida para la humanidad.

Agradécele su misión y alimenta tus sentimientos de admiración por Jesús.

¿A qué te comprometes en tu vida diaria?

¿Cómo vas a vivir durante esta semana la Buena y alegre Noticia: Dios me ama y me salva en Jesús?

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