2do. Domingo de Cuaresma

2do. Domingo de Cuaresma

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Te pones en la presencia del Señor, que te escucha y te habla. Deja a un lado las preocupaciones. Haz el mayor silencio en tu alrededor y en tu interior.

Pide la luz del Espíritu. Ese mismo Espíritu que vive en tu conciencia. Está contigo. Ponte al influjo de su inspiración.

Recita la oración: Veni, Sancte Spiritus.

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.

Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén.

(A. Somoza)

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Evangelio según San Lucas 9, 28-36

Contexto bíblico

Este texto que nos narra la transfiguración del Señor se encuentra después del anuncio doloroso de su pasión y muerte (Lc 9, 22-27).

Los discípulos no entienden quién es Jesús y cuál es su misión. Ellos siguen pensando en un Mesías de signo político, del cual pueden sacar ventajas humanas en su reinado. No entienden que Jesús sería condenado a la muerte.

Jesús insiste en las condiciones del discípulo que quiere seguir con él:

  • renuncia a sí mismo, actitud más honda que la renuncia a los bienes y a los cargos;
  • cargar con la cruz, cada día; la cruz es una actitud permanente de la existencia cristiana, incluso hasta el martirio;
  • seguir a Jesús: la cruz tendrá sentido para el cristiano en la medida en que éste siga el ejemplo del Maestro, para superar la cruz y llegar a la resurrección, a la salvación.

Texto

Es un relato descrito con fuertes contrastes con el anterior. Aquí todo es gozo, gloria, manifestación (teofanía) del Padre y glorificación de Jesús.

Subió a la montaña para orar (v. 28). Son expresiones típicas de Lucas. Es la ambientación geográfica (teológica) para el encuentro con Dios.

Mientras oraba, cambió el aspecto de su rostro y su vestidura se volvió de un blanco resplandeciente. Es un lenguaje típico del Antiguo Testamento. Recuérdese los otros símbolos parecidos: montaña, rayos, luz, nube, fuego, temblor, voces divinas... Es el lenguaje propio para describir las teofanías de Dios.

La verdadera gloria de Jesús se nos revela en medio de las intensas contradicciones y sufrimientos de la existencia. La gloria no es prestigio, triunfo, fama. Es la manifestación total de lo que alguien es, de lo que Jesús es, de lo que Dios es.

Moisés y Elías (v. 30). Son los representantes del pueblo de Israel. Moisés, que fue el mediador entre Dios y el pueblo para sellar la Alianza. Elías el propotipo del profetismo. Representan a la Ley y los Profetas: el resumen del Antiguo Testamento.

Hablaban del éxodo que Jesús iba a cumplir en Jerusalén (v. 31). Es decir, hablan de su muerte liberadora (éxodo, liberación, Pascua). La Pascua de Jesús es la plenitud de la liberación para los creyentes en Él.

Varios rasgos describen que Jesús viene a dar la plenitud de la Antigua Ley:

  • su rostro resplandeciente recuerda a Moisés bajando del Sinaí (Ex 34, 29);
  • la nube, es el signo de la presencia de Yavhé en la tienda del desierto (Ex 40, 35);
  • Moisés y Elías eran esperados en el tiempo de la salvación (Dt 18, 15-18; Mal 3, 22-23);

En consecuencia:

  • Jesús viene a dar plenitud a la Ley y a la profecía;
  • Jesús realiza la total liberación de la esclavitud;
  • Jesús es el Profeta de la última hora y la Palabra total y definitiva que pronuncia el Padre: Éste es mi Hijo elegido; escúchenlo (v. 35);
  • Jesús es el nuevo templo, donde habita totalmente el mismo Dios. (No las chozas - tiendas - que propone Pedro).

Los discípulos

  • marcan un contraste enorme con Jesús: dormidos, como en la pasión (Lc 22, 45);
  • Pedro quiere quedarse en el monte, olvidándose de la vida de cada día y del sufrimiento del Mesías.
  • buscan la evasión de la vida difícil, tomando como pretexto la manifestación gloriosa de Jesús.
  • Pedro no sabía lo que decía (v. 33). Están ajenos a la gran teofanía.
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Reaviva tu fe en Jesucristo Resucitado y glorioso. Sobre todo, cuando te veas desanimado y decepcionado de seguir el camino del Evangelio.

Míra a Jesús, pues Él sintió nuestras debilidades, pero al final venció todas las fuerzas del mal en si mismo y para nosotros.

Entra también en esta montaña de la comunicación con el Señor.

Para orar, hay que subir con Jesús a la montaña: dejar por momentos la vida diaria, entrar en relación con el Señor.

Pídele a Jesús que te transforme a su medida, olvidando la pereza y la falta de sabiduría para vivir el misterio de la cruz, del sufrimiento, y ubicarme siempre de cara a la resurrección.

Pídele que tus reacciones ante Jesús glorificado no sean como las de los apóstoles: dormir, buscar lo cómodo, olvidarte del misterio presente.

Agradece al Señor las manifestaciones que él te ha regalado a lo largo de la vida.

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Contempla

Entra también tú en esta escena de teofanía del Padre y del Hijo. Que Jesús esté en medio de la comunidad y en el corazón de cada uno de nosotros.

Contempla a Jesús: radiante, lleno de gloria, plenitud de la Ley y de la Profecía, Hijo amado del Padre. Permanece ante Él fascinado por el resplandor de su gloria.

Dirige al Padre y a Jesús tus alabanzas: Te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias por tu inmensa gloria.

Dispón tu ánimo a bajar del monte de la oración. Hazlo con interés, con optimismo, aunque te esperen problemas. Todo se ve de diferente color, cuando uno ha quedado transfigurado por la oración. Descubrir a Dios en la realidad de la vida, a veces cruda y dura.

Haz un propósito para en esta semana, escuchar a Jesús, Palabra de Dios y su Hijo elegido.

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