17mo. Domingo Ordinario

17mo. Domingo Ordinario

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Ve preparando tu ánimo para dedicar este tiempo a la oración, diálogo con el Señor.

Es lo más importante que vas a realizar en este día: el encuentro con el Amado.

Él te espera, te llama, desea decirte su Palabra y su mensaje. Anhela estar contigo porque te ama. Y espera que tú también quieras estar con Él.

Invoca al Espíritu, que desea inspirarte el sentido profundo de la Palabra. Y está contigo para fortalecer tu voluntad para llevar a la práctica la Palabra.

Ora suavemente: Veni, Sancte Spiritus.

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.

Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén.

(A. Somoza)

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Evangelio según San Lucas 11, 1-13

Texto bíblico

1. Señor, enséñanos a orar (v. 1)

Los discípulos ruegan a Jesús que les enseñe a orar. Han sido motivados por el ejemplo que Jesús les ha dado en tantas ocasiones. Así lo describe el evangelista Lucas: Un día estaba Jesús orando en cierto lugar (v. 1). Recordemos que Lucas es el evangelista que más resalta los momentos orantes de Jesús. Animados por el testimonio del Maestro, ellos también quieren recibir lecciones para orar debidamente.

Jesús enseña a orar con el ejemplo y con las palabras. Y así va desgranando las peticiones esenciales del Padrenuestro. Jesús enseña una forma de orar no acostumbrada hasta entonces:

  • El templo era el lugar oficial de la oración para el judío. Jesús convierte el sitio donde está en lugar habitual para la oración.
  • Jesús, como nadie lo había hecho antes, se dirige a Dios invocándolo como Padre. Todas las religiones, incluido el Antiguo Testamento, rezaban a un Dios lejano. Jesús reza al Dios cercano, que vive en cada uno, y a quien se ora con amor, no con miedo y temor.

El Padrenuestro constituye la oración básica del discípulo de Jesús, porque establece una relación de confianza y amor entre el Padre y el hijo. Así éste se introduce en la oración, en la contemplación y en el compromiso que Dios ha preparado para los humanos.

El Padrenuestro quiere que el hijo viva esa relación íntima con el Padre y que, desde el amor, vaya proyectando y realizando toda su vida. Desde la primera palabra Padre, se desenvuelve toda la relación de confianza y amor entre Dios y el creyente.

2. Cuando oren, digan: Padre (v. 2)

Jesús enseña a sus discípulos la relación exacta entre el Padre y los hijos. La actitud fundamental del discípulo ha de ser: confianza total en el Padre.

Tanto en la versión que nos trasmite Lucas como en la de Mateo (más larga), en la primera parte, hacemos referencia a Dios. La segunda parte hace más referencia al hombre. Ambas partes deben estar integradas tanto en el momento de orar como en los tiempos de vivir.

En la primera parte, se pide que: Dios sea santificado y que Venga tu reino. Es decir que Dios sea conocido y reconocido como Él se ha manifestado en la revelación. Y que su Reino venga a los humanos, para que el proyecto de salvación, diseñado desde el Amor, vaya haciéndose realidad en la historia de la salvación.

En la oración de Jesús, la causa de Dios y del hombre se identifican. El creyente ha de mirar al Padre para relacionarse con los demás como lo que son: hijos del Padre y hermanos entre sí. La confianza con el Padre ha de proyectarse y vivirse en la fraternidad con los hermanos. El alimento diario y el perdón de las ofensas indican el compromiso temporal de los hijos de Dios, hermanos entre sí. El Amor, recibido del Padre, hay que compartirlo con los hermanos en todas las ocasiones de la vida terrena.

El Padrenuestro se nos revela como la oración que une el cielo y la tierra, lo divino y lo humano, la oración y la acción, la síntesis de las aspiraciones humanas que conectan con todo el proyecto de salvación preparado por Dios desde antes de la creación.

3. ¿Cuánto más el Padre del cielo les dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? (v. 13)

Jesús promete que toda oración será escuchada. Pero, la confianza total en el Padre está a la base de toda oración. Las dos breves parábolas insisten en:

  • la perseverancia y constancia en la oración;
  • lo que, sobre todo, tenemos que pedir, que es el don mayor: el Espíritu, es decir, la misma vida de Dios, el Amor que circula entre los Tres divinos: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Pedir, buscar, llamar... No por la desconfianza de no ser escuchados, sino por preparar nuestro ánimo en la confianza total de ser atendidos.

Cuando el creyente busca y pide confiadamente el Espíritu, ha de estar totalmente seguro que el Padre le atiende, incluso antes de que se lo pida (Mt 6, 8).

A diferencia de Mateo, que dice que el Padre del cielo dará cosas buenas al que se lo pida (Mt 7, 11), Lucas pone en boca de Jesús: el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan (11, 13). El Padre nos concede lo mejor de sí mismo: el Espíritu, la vida, el Amor.

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¡Cuántas veces hemos rezado el Padre Nuestro! Es posible que ya no nos diga nada. Pero, hemos de tomar conciencia de que es la oración fundamental del cristiano. La que me relaciona totalmente con el Padre y sus proyectos y la que me relaciona con mis hermanos. Es la oración que me abre a la confianza filial con Dios y a la comunión fraternal con el prójimo.

Es la oración que nos ha revelado y regalado el mismo Jesús, el Hijo. Recoge esta plegaria lo que Jesús vivió y quiso enseñarnos en nuestra relación con Dios y con los humanos.

Por eso, ser cristiano es orar y practicar conforme a lo que el Padrenuestro nos hace orar y nos hace practicar. No sólo es una oración. Es todo un programa de vida.

¿Cómo entiendo esta oración? ¿Cómo la vivo? ¿Cómo la enseño en la familia, en la catequesis, en los grupos parroquiales?

La Iglesia ora en su Liturgia tres veces al día con el Padre Nuestro: en Laudes, en la Eucaristía y en Vísperas. La oración dominical tiene su puesto privilegiado en la Liturgia.

¿Cómo hago esta oración que Jesús nos enseñó? ¿Cómo la vivo, cómo la practico?

¿Me dejo motivar por el Espíritu de Amor que vive en mí? ¿Voy a recitar lentamente cada palabra del Padre Nuestro, saboreando lo que le digo a mi Padre?

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Contempla

A Jesús enseñando a sus discípulos la oración al Padre. ¿Cómo la habría rezado Jesús?

A la Iglesia que, en su Liturgia, la reza en momentos solemnes.

A ti mismo, que aprendiste desde niño esta bellísima oración y que necesitas meditarla y saborearla.

A lo largo de la semana rezaré despacio la oración que Jesús nos enseñó. Haré oración pausada, lenta, meditativa con la oración del Padre Nuestro.

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