26to. Domingo Ordinario

26to. Domingo Ordinario

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Dios vive en nosotros. Sólo hace falta que no nos neguemos a entrar en ese océano inmenso del Amor.

Orar es dejarse inundar por el oleaje del abismo de Amor del Padre, manifestado en la entrega total de Jesús por nosotros.

Orar es experimentar la insuficiencia propia y agradecer al Padre porque somos pequeños, con la confianza de que Él está haciendo crecer nuestra condición de hijos.

Orar es experimentar el gozo de que Él lo es todo en nuestra vida y que, por Él, todo es gracia, don gratuito, donación gratificante para cada uno de nosotros, pequeños, pero muy queridos a sus ojos y a su corazón.

Orar es abrirse de par en par al fuego del Amor, que es el Espíritu, a su inspiración y a su soplo para renovar la faz de nuestras personas.

Invocamos al Espíritu con la oración: Veni, Sancte Spiritus.

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.

Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén.

(A. Somoza)

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Evangelio según San Marcos 9, 38-50

Texto

1. El que no está contra nosotros está a favor nuestro (v. 40)

Jesús sigue instruyendo a sus discípulos. En esta ocasión les previene contra el fanatismo o el sectarismo. Posiblemente, en tiempos de Jesús y más tarde en las comunidades para las que escribió Marcos su Evangelio, quizás había personas que utilizaban el nombre de Jesús de Nazaret para los exorcismos (lanzar demonios) o realizar curaciones. Algo semejante sucedió con el mago Simón, que quiso comprar con dinero la posibilidad de hacer milagros (Hch 8, 9-25).

Jesús reprueba el intento de los discípulos de impedir esa actividad, la de hacer el bien. Puede haber otras personas que, en el nombre de Jesús, quieran luchar contra el mal. La causa de Jesús, que es el Reino, está más allá de la comunidad y de la misma Iglesia. Ni los discípulos de entonces ni la Iglesia de hoy tienen la exclusiva de hacer el bien, siguiendo el proyecto de Dios.

El sectarismo y la intolerancia no tienen sitio en la comunidad cristiana. ¡Cuidado con las envidias porque otros van haciendo el bien, aunque no pertenezcan a nuestra comunidad!

Todo el que lucha por la causa y el bien del ser humano está contribuyendo al crecimiento del Reino de Dios. Aunque lo haga sin referencia explícita al Evangelio.

2. Al que sea ocasión de pecado (escandalice) a uno de estos pequeños... (v. 42)

La palabra escándalo viene del griego, y significa "la piedra con la se puede tropezar".

En la moral evangélica, no sólo escandaliza el que provoca con sus palabras y conducta a hacer el mal, sino también aquel que impide a los demás que observen una vida digna humana y cristiana.

Nuestra sociedad está llena de escándalos en: política, riquezas por un lado y pobreza extrema por otro, injusticias, corrupciones, insensibilidad ante el dolor y necesidad ajenos, atentados contra los derechos humanos, falta de medios para la salud, vivienda, trabajo, educación...

Pero, quizás, también nosotros podemos ser "piedra de escándalo" para los demás, incluida la familia y la comunidad cristiana. Cuando queremos ser los protagonistas, cuando nuestra respuesta a la Palabra de Dios es mediocre, cuando ponemos en primer lugar nuestro trabajo, nuestra producción y utilidades económicas, cuando interpretamos torcidamente la actuación y servicio, cuando nos inhibimos ante una petición de ayuda en servicios pastorales, que no producen ganancia económica...

3. Si tu mano es ocasión de pecado para ti, córtatela (v. 43)

Con estas palabras, Jesús nos invita a la radicalidad. En la comunidad de Jesús, no hay que actuar "a medias tintas". El que ha recibido la "fascinación por Jesús y su Reino", lo subordina todo a esa causa. No hay mejor regalo que responder al Amor con nuestro pequeño amor.

Cortar la mano, cortar el pie, sacar el ojo. Estas expresiones tan fuertes las entendemos como un compromiso total y decidido por el Evangelio. No podemos estar con medianías en nuestra entrega. Porque, hay cristianos que piensan: Mientras Dios me ayude a resolver estos problemas, seguiré con la práctica de la oración y los sacramentos... Si no, ahí queda todo.

Las expresiones de Jesús nos invitan a ser signos de un mundo nuevo, a ser hombres y mujeres cuyos ojos, pies y manos luchan con radicalidad por el bien y por la vida.

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¿Qué hay en mi conducta, que sea tropiezo o escándalo para los pequeños?

¿Qué es lo que me frena para la entrega radical al Evangelio? Sinceramente, ¿qué me pide el Señor en esta Palabra? ¿Cuál es mi respuesta?

Perdona, Padre, mis sentimientos de envidia y fanatismo ante el bien que otros van realizando en la sociedad, en la comunidad cristiana. Quiero reconocer el esfuerzo de mis hermanos, que se entregan gratuitamente a ayudar a los demás.

Jesús, quiero seguirte con toda radicalidad. Inspírame para discernir qué hay en mí, que me impide la entrega total a tu seguimiento.

Espíritu Santo, purifica mi corazón, para que pueda ver con ojos más limpios (Dichosos los limpios de corazón), extender y dar la mano que alivie el dolor ajeno y poner mis pies para llegarme allí donde el sufrimiento está causando estragos en muchas personas.

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Contempla

A Jesús en su actitud permanente de animar, con palabras y obras, a los discípulos y a todos los oyentes para un cambio total de vida.

A Jesús que nos pide entrega total y decidida en la vivencia del Evangelio y en la entrega a los hermanos.

Haré míos durante la semana, los sentimientos de la oración atribuida a San Francisco de Asís: Hazme, Señor, un instrumento de tu paz. Donde haya odio, ponga yo amor...

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