25to. Domingo Ordinario

Orar es cuestión de amor. Porque Jesús-Palabra es cuestión de amor. Conocer a Jesús es cuestión de amor. Seguir a Jesús es cuestión de amor.

Orar es responder con amor al Amor, esperar que su Amor invada nuestro pequeño amor. Confiar totalmente en el Amor creador, que siempre renueva todas las cosas.

Orar es experimentar que todo en la vida es amor, que vence el temor, los complejos el pecado y las limitaciones.

Orar es abrir el sagrario de nuestra intimidad para exponerla a los rayos del Sol que quema nuestros fallos y hace arder nuestros fríos y apatías.

Nos abrimos al Espíritu, que es la expresión del Amor de Dios a nosotros. Él nos abre la mente y el corazón al sentido de la Palabra. Él nos anima a vivirla, para que transforme nuestra pequeñez.

Invocamos al Espíritu con la oración: Veni, Sancte Spiritus.

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.
Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén.

(A. Somoza)