24to. Domingo Ordinario

Queremos entrar en el diálogo con el Señor. Nos disponemos cada uno a este momento.

Para entrar en el monte de la oración, en la zarza ardiente como Moisés, hay que descalzarse, pues entramos en terreno sagrado. Hay que dejar a un lado todo aquello que utilizamos cada día para caminar por otros senderos: afán, ansiedad, limitaciones, improvisación, preocupaciones, etc...

Orar es: entrar en el ámbito de Dios, dejarse impactar por la fuerza avasalladora del Señor, que nos va a dirigir su Palabra.

Déjate que te envuelva el aliento del Eterno y puedas saber, saborear, con otra sabiduría, los planes de Dios.

Quítate las sandalias y descansa en la manifestación del Amor total.

Nos abrimos a la inspiración y animación del Espíritu. Veni, Sancte Spiritus.

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.
Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén.

(A. Somoza)