22do. Domingo Ordinario

Comienzas este tiempo de encuentro con el Señor, en la oración. Recuerda que Él es protagonista en este diálogo de Amor. Él desea trasmitirte su Palabra, para que, escuchándola y meditándola, la lleves a la práctica.

La oración no es algo que yo hago. Es la Palabra la que realiza en mí: la revelación de la voluntad del Padre, el encuentro con el mensaje y la motivación para vivirla.

Me sincero y me abro al Espíritu. Para que, con su impulso, pueda resolver en alabanza toda dificultad, toda pérdida, todo fracaso.

Orar es: dejarse amar por el Amor. Es dejar que el Amor explique todo en mi vida.

El Espíritu es quien me abrirá al sentido exacto de la Palabra. Y moverá mi actitud interior para llevarla a la vida diaria. Le invoco con confianza: Veni, Sancte Spiritus.

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.
Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén.

(A. Somoza)