El Señor te está llamando para compartir experiencias de amistad. Él está eligiendo este tiempo para dedicártelo a ti. Él te está llamando. Esto es un gran privilegio para ti.

Él mismo te hará experimentar tus limitaciones, tu pobreza... Pero, no para humillarte o echártelo en cara, sino para decirte que te comprende y te ama como eres.

Cuando te encuentres con el Señor, entonces experimentarás su amor y ternura. Déjate envolver por su infinito amor, como si estuvieras sumergido en el océano.

Ábrete a su acción, que es también conocimiento de su Palabra, de su Voluntad y aceptación de su proyecto para ti.

Invoca a su Espíritu. Esta invocación te servirá para abrirte a la acción del Señor: Veni, Sancte Spiritus.

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.
Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén.

(A. Somoza)


Evangelio según San Marcos 1, 14-20

Contexto bíblico

Después de la breve descripción de la misión de Juan el Bautista (presentación y bautismo de Jesús, 1, 2-11), el evangelista Marcos comienza a relatar el ministerio de Jesús.

En el título de su evangelio, Marcos hace la presentación de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios (1, 1). Y nos ha descrito el bautismo y las tentaciones sufridas por Jesús en el desierto (1, 9-13). Así contemplamos a Jesús en sus dos facetas: Hijo amado del Padre (v. 11) y en la debilidad de la naturaleza humana, en la tentación (v. 13).

Texto

1. El reino de Dios está llegando (v. 15)

Jesús comienza su ministerio anunciando la llegada del Reino de Dios. Jesús supera la tentación de buscar un mesianismo triunfalista y milagrero a un anuncio de la alegre y buena noticia. Jesús sale fortalecido del desierto (tentación y experiencia de Dios) para proclamar que el Reino de Dios está entre los hombres.

Las palabras reino de Dios expresaban para los judíos todo el proyecto que Dios tenía para su pueblo y la soberanía de Dios como padre compasivo y salvador. Ésta es la Buena Noticia, el Evangelio. Jesús va a realizar un bautismo en el Espíritu Santo (v. 8), a diferencia de Juan que administra un bautismo penitencial con agua.

Con Jesús llega la plenitud de la donación de Dios a la humanidad. Con Jesús llega a la perfección el proyecto de Dios.

2. Conviértanse y crean en el Evangelio (v. 15)

Es la respuesta que Jesús pide a la donación gratuita del Señor: conversión y fe, abandono del pecado y confianza total en la salvación que Dios ofrece.

El evangelio pide un cambio radical de toda la persona, comenzando por el interior: sentimientos, valores, actitudes, actos. Jesús lo irá repitiendo en todas sus propuestas, discursos, enseñanzas y actuaciones. Tienen que nacer de lo alto (Jn 3, 7), dice Jesús a Nicodemo. No basta con decirlo, hay que realizarlo con los hechos (Mt 7, 21).

3. Vengan conmigo (v. 17)

Jesús busca colaboradores. No escoge fariseos, sacerdotes, esenios, gente preparada en cuestiones religiosas. Son simples trabajadores en las faenas de la pesca. Y son llamados en medio de sus tareas, en la vida de cada día.

Jesús sigue llamando hoy. Con frecuencia, llama a personas pidiéndoles que lo dejen todo, incluso la familia (v. 20). Pero no sólo es dejar a alguien, sino seguirle.

El seguimiento de Jesús implica una entrega total para identificarse con Él en su modo de vivir de cara a Dios y de cara a los hermanos.

4. Se fueron con él (v. 20)

Es el término propio para definir al discípulo de Jesús. El seguimiento de Jesús es mucho más que saber muchas cosas acerca de Él, más que recibir unos sacramentos, más que rezar y hacer oración. Seguir a Jesús es aceptarle sin condiciones, para intentar vivir como él vivió.

El seguimiento de Jesús implica: creer lo que Él creyó, interesarse por lo que Él se interesó, mirar a las personas como Él las miró, amarlas como Él las amó.

No es una imitación de sus gestos, ni copiar superficialmente sus rasgos. Es identificarse con Él.

Jesús elige a los discípulos para que estuvieran con él (Mc 3, 14), esto es, formaran comunidad con Él, sintonizaran con Él, aprendieran de Él, estuvieran en comunión con Él.

Primero es: ser discípulos de Jesús. Luego vendrá el ser misioneros, enviados como apóstoles, mensajeros y testigos de su modo de entender y practicar la vida. Para enviarlos a predicar (Mc 3, 14): palabra y hechos como Jesús. Testigos de la Buena Noticia de salvación.


Las palabras de este Evangelio las recibo como dichas a mí directamente. Pues el Señor sigue actuando y proclamando la Buena Noticia y la conversión (entrega) al Evangelio.

¿Cómo acepto esta invitación permanente del Señor? ¿Doy importancia a mi conversión o sigo siendo un cristiano de más o menos?

¿Me siento constantemente interpelado por la Buena Noticia de Jesús? ¿Experimento en mí esa fuerte llamada del Señor? ¿Trato de revisar mi vida para seguir impulsándome a fondo en el seguimiento radical de Jesús?

¿Le agradezco al Señor la vocación a la fe, que él me ha regalado por amor desde antes de la creación (Gal 1, 4)?

Gracias, Señor, porque oigo que me dices lo mismo que a Jesús: hijo amado, en ti me complazco (Mc 11).

Me siento serenado en horas difíciles por esta realidad de ser hijo amado del Señor.

Y me siento nuevamente llamado a renovar mi compromiso con el Evangelio de Jesús, como discípulo y misionero (Documento de Aparecida).


A Jesús que sigue llamándote a su comunidad de discípulos y misioneros.

Al Espíritu que te anima, te unge, para una respuesta total y definitiva.

A los hermanos, a los que eres enviado, para animarlos a vivir su vocación de bautizados.

Siente en tu vida el gozo de ser llamado por el Señor para experimentar la Buena Noticia de que el Señor te ama y te llama.

En los momentos duros, entrégate totalmente al Señor, porque Él te cuida y te protege.