Las palabras de este Evangelio las recibo como dichas a mí directamente. Pues el Señor sigue actuando y proclamando la Buena Noticia y la conversión (entrega) al Evangelio.

¿Cómo acepto esta invitación permanente del Señor? ¿Doy importancia a mi conversión o sigo siendo un cristiano de más o menos?

¿Me siento constantemente interpelado por la Buena Noticia de Jesús? ¿Experimento en mí esa fuerte llamada del Señor? ¿Trato de revisar mi vida para seguir impulsándome a fondo en el seguimiento radical de Jesús?

¿Le agradezco al Señor la vocación a la fe, que él me ha regalado por amor desde antes de la creación (Gal 1, 4)?

Gracias, Señor, porque oigo que me dices lo mismo que a Jesús: hijo amado, en ti me complazco (Mc 11).

Me siento serenado en horas difíciles por esta realidad de ser hijo amado del Señor.

Y me siento nuevamente llamado a renovar mi compromiso con el Evangelio de Jesús, como discípulo y misionero (Documento de Aparecida).