Evangelio según San Marcos 1, 14-20

Contexto bíblico

Después de la breve descripción de la misión de Juan el Bautista (presentación y bautismo de Jesús, 1, 2-11), el evangelista Marcos comienza a relatar el ministerio de Jesús.

En el título de su evangelio, Marcos hace la presentación de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios (1, 1). Y nos ha descrito el bautismo y las tentaciones sufridas por Jesús en el desierto (1, 9-13). Así contemplamos a Jesús en sus dos facetas: Hijo amado del Padre (v. 11) y en la debilidad de la naturaleza humana, en la tentación (v. 13).

Texto

1. El reino de Dios está llegando (v. 15)

Jesús comienza su ministerio anunciando la llegada del Reino de Dios. Jesús supera la tentación de buscar un mesianismo triunfalista y milagrero a un anuncio de la alegre y buena noticia. Jesús sale fortalecido del desierto (tentación y experiencia de Dios) para proclamar que el Reino de Dios está entre los hombres.

Las palabras reino de Dios expresaban para los judíos todo el proyecto que Dios tenía para su pueblo y la soberanía de Dios como padre compasivo y salvador. Ésta es la Buena Noticia, el Evangelio. Jesús va a realizar un bautismo en el Espíritu Santo (v. 8), a diferencia de Juan que administra un bautismo penitencial con agua.

Con Jesús llega la plenitud de la donación de Dios a la humanidad. Con Jesús llega a la perfección el proyecto de Dios.

2. Conviértanse y crean en el Evangelio (v. 15)

Es la respuesta que Jesús pide a la donación gratuita del Señor: conversión y fe, abandono del pecado y confianza total en la salvación que Dios ofrece.

El evangelio pide un cambio radical de toda la persona, comenzando por el interior: sentimientos, valores, actitudes, actos. Jesús lo irá repitiendo en todas sus propuestas, discursos, enseñanzas y actuaciones. Tienen que nacer de lo alto (Jn 3, 7), dice Jesús a Nicodemo. No basta con decirlo, hay que realizarlo con los hechos (Mt 7, 21).

3. Vengan conmigo (v. 17)

Jesús busca colaboradores. No escoge fariseos, sacerdotes, esenios, gente preparada en cuestiones religiosas. Son simples trabajadores en las faenas de la pesca. Y son llamados en medio de sus tareas, en la vida de cada día.

Jesús sigue llamando hoy. Con frecuencia, llama a personas pidiéndoles que lo dejen todo, incluso la familia (v. 20). Pero no sólo es dejar a alguien, sino seguirle.

El seguimiento de Jesús implica una entrega total para identificarse con Él en su modo de vivir de cara a Dios y de cara a los hermanos.

4. Se fueron con él (v. 20)

Es el término propio para definir al discípulo de Jesús. El seguimiento de Jesús es mucho más que saber muchas cosas acerca de Él, más que recibir unos sacramentos, más que rezar y hacer oración. Seguir a Jesús es aceptarle sin condiciones, para intentar vivir como él vivió.

El seguimiento de Jesús implica: creer lo que Él creyó, interesarse por lo que Él se interesó, mirar a las personas como Él las miró, amarlas como Él las amó.

No es una imitación de sus gestos, ni copiar superficialmente sus rasgos. Es identificarse con Él.

Jesús elige a los discípulos para que estuvieran con él (Mc 3, 14), esto es, formaran comunidad con Él, sintonizaran con Él, aprendieran de Él, estuvieran en comunión con Él.

Primero es: ser discípulos de Jesús. Luego vendrá el ser misioneros, enviados como apóstoles, mensajeros y testigos de su modo de entender y practicar la vida. Para enviarlos a predicar (Mc 3, 14): palabra y hechos como Jesús. Testigos de la Buena Noticia de salvación.