"Buscar a Jesús, encontrar a Jesús, seguir a Jesús: este es el camino": el Papa Francisco comentó el Evangelio de este 14 de enero, desde la ventana del despacho del Vaticano que da a la Plaza de San Pedro, antes de la oración del Ángelus del mediodía, en presencia de decenas de miles de visitantes. "El Evangelio de hoy nos introduce perfectamente en el tiempo litúrgico ordinario, un tiempo que sirve para estimular y verificar nuestro camino de fe en la vida ordinaria, en una dinámica que se mueve entre la Epifanía y sigue entre manifestación y vocación", explicó el Papa, releyendo este domingo las dos fiestas precedentes que han concluido el tiempo litúrgico de Navidad. Al igual que en la Epifanía y en el Bautismo de Jesús – comenzó explicando el Papa – también el Evangelio de hoy propone el tema de la manifestación del Señor al referir que Juan Bautista lo indica a sus discípulos como "el Cordero de Dios", invitándolos a que lo sigan. De la misma manera es para nosotros – dijo el Papa Francisco – puesto que Aquel al que hemos contemplado en el misterio de la Navidad, ahora estamos llamados a seguirlo en la vida cotidiana. Reproducimos a continuación, el texto completo de su alocución, traducido del italiano:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Como en la fiesta de la Epifanía y la del Bautismo de Jesús, la página del Evangelio de hoy (cf. Jn 1, 35-42) propone también el tema de la manifestación del Señor. Esta vez, es Juan Bautista quien lo indica a sus discípulos como “el Cordero de Dios” (v.36), invitándoles a seguirle. Y así es para nosotros: Aquél que hemos contemplado en el misterio de la Navidad, estamos ahora invitados a seguirle en la vida cotidiana. El Evangelio de hoy, por tanto, nos introduce perfectamente al tiempo litúrgico ordinario, un tiempo que sirve para animar y verificar nuestro camino de fe en la vida consuetudinaria, en una dinámica que se mueve entre la Epifanía y lo que sigue, entre manifestación y vocación.

El relato del Evangelio indica las características esenciales del itinerario de fe. Es un itinerario de fe y este es el itinerario de los discípulos de todos los tiempos, incluso el nuestro, a partir de la pregunta que Jesús dirige a los dos que, impulsados por Juan Bautista, comienzan a seguirle: “¿Qué buscan?” (v.38). Es la misma pregunta que, en la mañana de Pascua, el resucitado dirigirá a María Magdalena: “Mujer, ¿qué buscas?” (Jn 20, 15). Cada uno de nosotros, en cuanto que es ser humano, está en búsqueda: búsqueda de felicidad, búsqueda de amor, de vida buena y plena. Dios Padre nos ha dado todo esto en su Hijo Jesús.

En esta búsqueda, es fundamental el rol de un verdadero testigo, de una persona que ha hecho primero el camino y ha encontrado al Señor. En el Evangelio, Juan Bautista es este testigo. Por esto puede orientar a sus discípulos hacia Jesús, que los involucra hacia en nueva experiencia diciendo: “Vengan y verán” (v. 39). Y aquellos dos no podrán jamás olvidar la belleza de este encuentro, hasta el punto que el Evangelista anota incluso la hora: “Eran alrededor de las cuatro de la tarde” (ibid). Solamente un encuentro personal con Jesús genera un camino de fe y de discipulado. Podemos tener muchas experiencias, realizar muchas cosas, establecer relaciones con muchas personas, pero solo el encuentro con Jesús, en esa hora que Dios conoce, puede dar un sentido pleno a nuestra vida y hacer fecundos nuestros proyectos y nuestras iniciativas.

No basta construirse una imagen de Dios basada en lo que escuchamos decir; es necesario ir en busca del Divino Maestro e ir donde Él vive. La pregunta de los dos discípulos a Jesús, “¿Dónde vives?” (v.38) tiene un sentido espiritual fuerte: expresa el deseo de saber dónde vive el Maestro, para poder estar con Él. La vida de fe consiste en el deseo de estar con el Señor y, por tanto, en una búsqueda continua del lugar donde Él habita. Esto significa que estamos llamados a superar una religiosidad habitual y dada por descontada, reavivando el encuentro con Jesús en la oración, en la meditación de la Palabra de Dios y frecuentando los sacramentos, para estar con Él y dar fruto gracias a Él, a su ayuda, a su gracia.

Buscar a Jesús, encontrar a Jesús, seguir a Jesús: este es el camino. Buscar a Jesús, encontrar a Jesús, seguir a Jesús.

Que la Virgen María nos sostenga en este propósito de seguir a Jesús, de ir y estar donde Él habita, para escuchar su Palabra de vida, para adherirse a Él que quita el pecado del mundo, para reencontrar en Él esperanza e impulso espiritual.