Al rezar el Ángelus con los fieles y peregrinos que se dieron cita en la Plaza de San Pedro en la Solemnidad de la Epifanía este 6 de enero, el Papa Francisco los invitó a invocar la intercesión de María Santísima –estrella de la humanidad peregrina en el tiempo – para que con su ayuda maternal, "todo hombre pueda llegar a Cristo – Luz de verdad – y el mundo avance por el camino de la justicia y de la paz". "Hoy, fiesta de la Epifanía del Señor, el Evangelio (Cfr. Mt 2, 1-12) nos presenta tres actitudes con las cuales fue acogida la venida de Jesús y su manifestación al mundo: búsqueda atenta, indiferencia y miedo". Con estas palabras el Papa Francisco comenzó su comentario antes de rezar a la Madre de Dios. Al ejemplificar las tres actitudes, el Santo Padre dijo que los Magos no dudaron en ponerse en camino para buscar al Mesías. Búsqueda atenta que se contrapone – añadió – a la indiferencia de los sumos sacerdotes y de los escribas. Sí porque como dijo el Obispo de Roma, "ellos conocen las Escrituras y son capaces de dar la respuesta exacta sobre el lugar del nacimiento", pero "no se toman la molestia" de encontrarlo. "Belén – añadió el Papa – está a pocos kilómetros, pero ellos no se mueven". A continuación compartimos el texto completo de su alocución, traducido del italiano:

Queridos hermanos y hermanas, ¡Buena Fiesta!

Hoy, fiesta de la Epifanía del Señor, el Evangelio (Mt 2, 1-12) nos presenta tres actitudes con las cuales ha sido acogida la llegada de Jesús y su manifestación al mundo. La primera actitud: investigación, búsqueda entusiasta; la segunda: indiferencia; la tercera: miedo.

Búsqueda entusiata. Los Reyes Magos no dudan ponerse en camino e ir a buscar al Mesías. Llegados a Jerusalén, preguntan: "¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Vimos su estrella en el oriente y vinimos a adorarlo". (V.2). Han hecho un largo viaje y ahora están ansiosos por situar dónde está el Rey recién nacido. En Jerusalén, se dirigen al rey Herodes, quien pide a los sumos sacerdotes y escribas que pregunten por el lugar donde nacería el Mesías.

A esta búsqueda ansiosa de los Magos, se opone la segunda actitud: la indiferencia de los sumos sacerdotes y los escribas. Estos estaban en su comodidad. Ellos conocen las Escrituras y son capaces de dar la respuesta correcta sobre el lugar de nacimiento: "En Belén, en Judea, porque esto es lo que está escrito por el profeta" (v. 5). Ellos lo saben, pero no se molestan en encontrar al Mesías. Belén está a pocos kilómetros de distancia, pero no se mueven.

La tercera actitud, la de Herodes, es aún más negativa: miedo. Teme que este niño le quite su poder. Él llama a los Reyes Magos y se enteran cuando la estrella se les apareció, y los envía a Belén diciendo: "Ve a buscar [...] al niño. Y cuando lo hayas encontrado, ven y dime para que yo también vaya a prosternarme ante él". (Vv 7-8). En realidad, Herodes no quería ir y adorar a Jesús; Herodes quiere saber dónde está el niño, no para adorarlo sino para eliminarlo, porque lo considera un rival. Y mirándolo bien: el miedo siempre conduce a la hipocresía. Los hipócritas lo son porque tienen miedo en su corazón.

Estas son las tres actitudes que encontramos en el Evangelio: la búsqueda ansiosa de los Magos, la indiferencia de los sumos sacerdotes, los escribas, los que conocían la teología; y miedo, de Herodes. Y nosotros también debemos pensar y elegir: ¿cuál de los tres asumir? ¿Quiero apresurarme para buscar a Jesús? "Pero Jesús no me dice nada ... todavía estoy ..." ¿O le temo a Jesús y me gustaría sacarlo de mi corazón?

El egoísmo puede llevarnos a considerar la venida de Jesús en su vida como una amenaza. Entonces, tratamos de suprimir o silenciar el mensaje de Jesús. Cuando seguimos las ambiciones humanas, las perspectivas más cómodas, las inclinaciones del mal, Jesús es percibido como un obstáculo.

Además, la tentación de la indiferencia también está siempre presente. Sabiendo que Jesús es el Salvador, el nuestro, de todos nosotros, preferimos vivir como si él no existiera: en lugar de comportarnos en coherencia con la fe cristiana, seguimos los principios del mundo, que fomentan para satisfacer las inclinaciones a la arrogancia, a la sed de poder, a la riqueza.

Por el contrario, estamos llamados a seguir el ejemplo de los Reyes Magos: estar ansiosos en la búsqueda, dispuestos a molestarse para encontrar a Jesús en nuestra vida. Buscarle para adorarle, para reconocer que Él es nuestro Señor, que indica el verdadero camino a seguir. Si tenemos esta actitud, Jesús realmente nos salva, y podemos vivir una buena vida, podemos crecer en la fe, en la esperanza, en la caridad hacia Dios y hacia nuestros hermanos.

Invoquemos la intercesión de la Santísima Virgen María, la estrella de la humanidad peregrina en el tiempo. Con su ayuda materna, permita que cada hombre alcance a Cristo, la Luz de la verdad, y permita que el mundo progrese en el camino de la justicia y la paz.